Serán los recuerdos

Luminarias

Como sabéis, llevo a mi pueblo, San Bartolomé de Pinares, en mi corazón. Y con él, sus tradiciones y sus gentes. Este 2021 la pandemia no nos ha dejado celebrar una de sus fiestas más antiguas y más conocidas no solo en España, sino también a nivel internacional: Las Luminarias. Este año las hemos vivido desde el recuerdo. Y como ya es habitual en este blog, he querido dedicar un breve relato a ese 16 de enero, diferente esta vez, que nos hace vibrar de emoción. ¡Espero que os guste!

¡Nos leemos pronto! Besos literarios.

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Los últimos de Torrijos

Hay algo que no hemos dejado de hacer este año: caer y levantarnos. Constantemente. Por una cosa o por otra. Las siguientes líneas reflejan una triste realidad: Los comerciantes del mercado Torrijos podrían perder sus puestos de trabajo.

Hace muy poco un diario se hacía eco de la noticia. «Los últimos de Torrijos», así rezaba el titular y así he querido llamar también a este post porque me ha parecido tan triste como categórico: sí, son los últimos que quedan. La publicación desgranaba la incesante lucha entre los pequeños comerciantes y un titán como Numulae, sociedad anónima de tipo mercantil, una entidad decidida a hacer del mercado un centro comercial y un gimnasio. Los dueños de sus negocios se encuentran contra las cuerdas: Si un juez no lo impide (el proceder de la socimi parece ser de dudosa ética), todos ellos podrían echar el cierre definitivamente.

Casi nadie habla de ello, pero está pasando. Por eso, desde este humilde rincón de literatura, he querido dedicar unos párrafos a describir brevemente a dos de esos pequeños comerciantes que día a día están al pie del cañón detrás del mostrador: mis padres.

No permitamos que les quiten ni a ellos ni a sus compañeros lo que por derecho les corresponde. Se nos acaba el tiempo. Por favor, #SalvemosTorrijos.

¡Muchas gracias por visitar Crónicas de Radhuk y por todo vuestro apoyo!

Besos literarios y hasta el próximo relato.

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Te quise ver

Te quise ver

¡Hola, viajeros! Paso fugazmente por Radhuk para dejaros el relato que tenéis a continuación (¡que espero que os guste mucho!). 🙂

A modo de curiosidad, os cuento que este mes de noviembre, extraño y gris como también lo es este 2020, hay activo un reto literario llamado #NaNoWriMo que no para de circular por redes sociales. Su nombre procede de National Novel Writing Month y surge en San Francisco, Estados Unidos. Consiste en escribir una novela corta, de al menos 50.000 palabras (unas 67 páginas), en el mes de noviembre y desde hace 20 años suma participantes a lo largo y ancho de todo el mundo. No hay un premio físico a la hora de cumplir el desafío, sino que se trata de ponerse a prueba a nivel personal y, quién sabe, tal vez ese proyecto pueda cobrar forma más adelante. Me llamó poderosamente la atención y lo cierto es que pensé en apuntarme, pero esa presión autoimpuesta no cuadra con mi forma de escribir. Creedme, llevo años intentando terminar una novela, revisando y cambiando una y mil veces partes de la historia, reescribiendo capítulos enteros… Creo que me lo tomo demasiado en serio.

No obstante, noviembre prácticamente acaba de empezar y, si os apetece, vosotros podéis sumaros al reto. ¡Estáis a tiempo!

¡En fin! No me extiendo más. Espero que disfrutéis de este domingo y de las siguientes líneas: Te quise ver.

¡Besos literarios!

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Versos sueltos

Es extraño. ¿No habéis perdido la percepción del tiempo? Desde que toda esta pesadilla dio comienzo hemos asistido a una sucesión de días que dejamos nacer y morir con la incertidumbre por bandera. Sabemos y no sabemos nada. Hemos tragado mil lágrimas y hemos sepultado en nuestra garganta los gritos que debíamos haber lanzado al aire. La vida, quizás la Tierra, nos han golpeado con toda su fuerza. Hemos sentido demasiado… y hay quienes no hemos podido gestionarlo. Es mi caso.

Siempre he sido una persona tranquila y nerviosa a la par. Me explico: me gusta la calma y hacer las cosas despacio, valorar cada momento… Pero gestiono mal ciertas emociones y situaciones. Me viene de familia. El que a lo suyo se parece, honra merece; así que lo veo como un ejemplo para aprender y saber que todo pasa. Suelo plantarle cara al estrés con aplomo, pero eso hace que, pasado un tiempo, explote de una u otra manera. Lo tenía bastante controlado hasta que llegó la pandemia y ese estrés se convirtió en ansiedad hace muy poco. Mi lucha conmigo misma tiene treguas y malas rachas. Hay algo que me costó mucho aprender y que ahora, sin embargo, lo tengo claro: No es tan fácil romperse, pero es completamente normal estallar. Y eso no significa que no seamos fuertes. De verdad, lo somos. Y debemos de tener la valentía y la paciencia de levantarnos una y un millar de veces. Cuantas haga falta. Tomarnos el tiempo que necesitemos y respirar. Y volar. Porque absolutamente todos tenemos luces y sombras, y de todas ellas podemos aprender algo. Yo solía creer que la ansiedad era un mal día y no. Son semanas y meses de no entender y de no encontrarse, de perderse y caer de bruces contra el suelo. No obstante, estoy convencida de que es algo que, trabajando la mente y cuidando el alma; mimando el corazón, se supera. Lo he comprobado en otras ocasiones. Y esta vez será igual.

Escribo el siguiente texto como reflejo de ese monstruo al que debemos dejar de alimentar. De ese modo, una buena mañana, se marchará. Y si decide volver sabremos hacerle frente.

Cuidaos mucho y, si alguna vez sentís que sois un verso suelto, recordad que también esos versos pueden construir la más bella de las poesías.

¡Besos literarios! ❤️

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Quino: «La esencia del ser humano es la corrupción»

Tengo el corazón completamente roto tras saber hoy, 30 de septiembre de 2020, que Quino, el padre de Mafalda, ha fallecido. Tuve la suerte de conocerle hace 10 años. Por aquel entonces, estudiaba periodismo y ni siquiera existía este blog. Quino y Alicia, su mujer, me abrieron las puertas de su casa en Madrid para concederme mi primera entrevista. Era diciembre. Recuerdo que hacía mucho frío y que yo estaba muy nerviosa. Días antes había comprado una grabadora y un micro de corbata para recoger el audio en condiciones y poder transcribir la entrevista a posteriori. Sin embargo, me temblaban tanto las manos que apenas podía colocar adecuadamente el micrófono en el jersey de Quino. Recuerdo también hablar muy bajito, con apenas un hilo de voz. Era una cría de 18 años y no había tenido tiempo para empezar a forjarme como profesional. No lo podía creer. ¡Iba a entrevistar al creador de Mafalda! Jamás en mi vida pude imaginar que tendría semejante oportunidad y, aún hoy, me parece increíble que estuviera en ese estudio, con una libreta en la mano y un bolígrafo en la otra, tomando notas y escuchando a Quino relatar su historia.

Por eso hoy se me ha roto el corazón un poco más. Su mujer y él eran personas maravillosas, alegres, humildes y gentiles. Siempre sonriendo, siempre restándole hierro a los problemas. Pude conocerles a ambos y, Dios mío, nunca estaré lo suficientemente agradecida por permitirme realizar aquella primera entrevista en un momento en que Quino ya no se reunía con periodistas.

No quiero que se pierdan aquellas palabras. Han pasado 10 años, pero todavía conservo el audio que recogí en esa vieja grabadora. Me gustaría compartirlo con todos, rescatar la entrevista para el recuerdo. Por eso (y aunque este blog esté dedicado a la Literatura) he decidido publicarla aquí, en Crónicas de Radhuk. Podéis leerla (y escucharla) a continuación.

Gracias por tanto, Quino. Allí donde ahora estés, espero que encuentres paz y que no dejes de dibujar. Hasta siempre.

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