Versos sueltos

Es extraño. ¿No habéis perdido la percepción del tiempo? Desde que toda esta pesadilla dio comienzo hemos asistido a una sucesión de días que dejamos nacer y morir con la incertidumbre por bandera. Sabemos y no sabemos nada. Hemos tragado mil lágrimas y hemos sepultado en nuestra garganta los gritos que debíamos haber lanzado al aire. La vida, quizás la Tierra, nos han golpeado con toda su fuerza. Hemos sentido demasiado… y hay quienes no hemos podido gestionarlo. Es mi caso.

Siempre he sido una persona tranquila y nerviosa a la par. Me explico: me gusta la calma y hacer las cosas despacio, valorar cada momento… Pero gestiono mal ciertas emociones y situaciones. Me viene de familia. El que a lo suyo se parece, honra merece; así que lo veo como un ejemplo para aprender y saber que todo pasa. Suelo plantarle cara al estrés con aplomo, pero eso hace que, pasado un tiempo, explote de una u otra manera. Lo tenía bastante controlado hasta que llegó la pandemia y ese estrés se convirtió en ansiedad hace muy poco. Mi lucha conmigo misma tiene treguas y malas rachas. Hay algo que me costó mucho aprender y que ahora, sin embargo, lo tengo claro: No es tan fácil romperse, pero es completamente normal estallar. Y eso no significa que no seamos fuertes. De verdad, lo somos. Y debemos de tener la valentía y la paciencia de levantarnos una y un millar de veces. Cuantas haga falta. Tomarnos el tiempo que necesitemos y respirar. Y volar. Porque absolutamente todos tenemos luces y sombras, y de todas ellas podemos aprender algo. Yo solía creer que la ansiedad era un mal día y no. Son semanas y meses de no entender y de no encontrarse, de perderse y caer de bruces contra el suelo. No obstante, estoy convencida de que es algo que, trabajando la mente y cuidando el alma; mimando el corazón, se supera. Lo he comprobado en otras ocasiones. Y esta vez será igual.

Escribo el siguiente texto como reflejo de ese monstruo al que debemos dejar de alimentar. De ese modo, una buena mañana, se marchará. Y si decide volver sabremos hacerle frente.

Cuidaos mucho y, si alguna vez sentís que sois un verso suelto, recordad que también esos versos pueden construir la más bella de las poesías.

¡Besos literarios! ❤️

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Quino: «La esencia del ser humano es la corrupción»

Tengo el corazón completamente roto tras saber hoy, 30 de septiembre de 2020, que Quino, el padre de Mafalda, ha fallecido. Tuve la suerte de conocerle hace 10 años. Por aquel entonces, estudiaba periodismo y ni siquiera existía este blog. Quino y Alicia, su mujer, me abrieron las puertas de su casa en Madrid para concederme mi primera entrevista. Era diciembre. Recuerdo que hacía mucho frío y que yo estaba muy nerviosa. Días antes había comprado una grabadora y un micro de corbata para recoger el audio en condiciones y poder transcribir la entrevista a posteriori. Sin embargo, me temblaban tanto las manos que apenas podía colocar adecuadamente el micrófono en el jersey de Quino. Recuerdo también hablar muy bajito, con apenas un hilo de voz. Era una cría de 18 años y no había tenido tiempo para empezar a forjarme como profesional. No lo podía creer. ¡Iba a entrevistar al creador de Mafalda! Jamás en mi vida pude imaginar que tendría semejante oportunidad y, aún hoy, me parece increíble que estuviera en ese estudio, con una libreta en la mano y un bolígrafo en la otra, tomando notas y escuchando a Quino relatar su historia.

Por eso hoy se me ha roto el corazón un poco más. Su mujer y él eran personas maravillosas, alegres, humildes y gentiles. Siempre sonriendo, siempre restándole hierro a los problemas. Pude conocerles a ambos y, Dios mío, nunca estaré lo suficientemente agradecida por permitirme realizar aquella primera entrevista en un momento en que Quino ya no se reunía con periodistas.

No quiero que se pierdan aquellas palabras. Han pasado 10 años, pero todavía conservo el audio que recogí en esa vieja grabadora. Me gustaría compartirlo con todos, rescatar la entrevista para el recuerdo. Por eso (y aunque este blog esté dedicado a la Literatura) he decidido publicarla aquí, en Crónicas de Radhuk. Podéis leerla (y escucharla) a continuación.

Gracias por tanto, Quino. Allí donde ahora estés, espero que encuentres paz y que no dejes de dibujar. Hasta siempre.

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«Más allá» | El Guerrero a la Sombra del Cerezo

¡Sorpresa! ¿Cuánto tiempo hacía que no publicaba una reseña literaria? En estos años he querido volver varias veces a mi canal de YouTube pero, por desgracia, los días no tienen más de 24 horas, y por unas cosas o por otras no he podido darle vida a esa parte del blog… hasta ahora. Hoy la ocasión lo merece. Hoy vuelvo a ponerme delante de la cámara para hablaros de un libro que me ha cautivado desde su prólogo: «El guerrero a la sombra del cerezo», de David B. Gil. Así, sin necesidad de ver el vídeo: Leedlo. Es una historia envolvente y maravillosa, muy bien construida, con unos personajes entrañables y perfectamente escrita. Es, de hecho, de esas novelas que, una vez terminadas, te gustaría olvidar para tener la oportunidad de descubrirla y leerla de nuevo. Hacía muchísimo tiempo que, como lectora, no sentía esas ganas de devorar cada página, de inquietarme por averiguar cómo encajaba cada pieza, de olvidarte del reloj por no poder apartar la vista del libro. Y por todo ello quiero recomendarla. Me gustaría que más gente descubra este título y se adentre en el mundo que nos presenta David B. Gil: una historia de traiciones y venganzas en el Japón feudal de principios del siglo XVII.

Por cierto, además de esta reseña, he querido escribir un pequeño relato basado en la propia novela: «Más allá». Lo he hecho con el permiso del autor, a modo de homenaje, y con toda la humildad y el respeto por la obra. A fin de cuentas, soy una escritora muy amateur y nunca jamás había hecho algo así antes. Leer «El guerrero a la sombra del cerezo», sin embargo, me ha inspirado a ello, pues, tras acabarlo, sentía que una parte de sus personajes se habían quedado a mi lado. El relato no desvela nada del libro, pero si ya lo habéis leído, encontraréis mayor sentido a lo que vive y siente nuestra «viajera» en las siguientes líneas.

Espero que os guste y que os animéis a viajar de la mano de Seizō Ikeda y Ekei Inafune, protagonistas de la novela.

Sin más, me despido hasta la próxima entrada. 🙂

¡Nos leemos pronto!

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Tuve miedo

Tuve miedo

La mente es poderosa. Demasiado, diría yo. El miedo (en ocasiones, irracional), puede bloquearnos hasta el punto de vivir pensando constantemente en cosas que aún no han sucedido, ni sucederán. A mí me pasa a menudo y aunque intento dejar a un lado la angustia, a veces es difícil. De esa clase de «miedos» trata el texto que tenéis a continuación.

Como siempre, muchísimas gracias por leerme. Sé que he estado un tiempo sin actualizar el blog, pero ya tengo preparados algunos borradores que espero publicar pronto.

¡Feliz semana!

PD: Escuché la nueva canción de La Oreja de Van Gogh, Abrázame, en un momento protagonizado por uno de esos «miedos». Y de ahí surgió este relato. 🙂

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María y Teófilo

María y Teófilo

María y Teófilo, que dan título al siguiente relato, son mis abuelos. Esta es una historia dedicada a ambos y con ella me presento al concurso literario #NuestrosMayores organizado por Zenda Libros e Iberdrola.

La última vez que hablé con mi abuelo fue el 20 de marzo. Una semana después había enfermado a causa de la COVID-19. Recuerdo que, entonces, publiqué un post en Twitter para descargar la incertidumbre, la rabia y la impotencia que sentía. No sabía que esas palabras darían forma a este relato. A fin de cuentas, el texto que tenéis a continuación está basado en hechos reales. Narra cuanto hemos vivido desde aquel día… y cuanto seguimos viviendo.

Me gustaría aclarar que, pese a reflejar fielmente lo que ocurrió aquellos días, no todo sucedió tal y como está redactado. San Bartolomé de Pinares es un lugar hermoso y hermosas son sus gentes. Durante esas largas madrugadas en las que a mis abuelos se les iba la vida, no estuvieron solos. Hubo gente que quiso echarles una mano. Quiero agradecer especialmente la ayuda desinteresada de Segundo, amigo y vecino de mis abuelos desde su juventud; de Carmen y Teodoro Vaíllo, que han estado pendientes de ellos a diario; y de Lolita, sobrina de mi abuela María. Todos ellos acudieron rápidamente a socorrer a mis abuelos. Que «el vecindario desoyó» sus llamadas de auxilio es lo único de este relato que no se ajusta a la realidad. Sin embargo, quería expresarlo así porque de alguna manera tenía que transmitir la soledad descarnada, la cruel incertidumbre y la impotencia enrabietada de quien solo puede observar y esperar.

Han sido muchas, muchísimas, las muestras de cariño y apoyo que mi abuela ha recibido en todos estos meses por parte de sus vecinos bartolos. Y yo, desde este humilde rincón de literatura, quiero darles las gracias. De corazón. ¡Millones de gracias!

Espero que os guste y deseo que pronto salgamos de esta. ¡Fuerza a todos!

Nos leemos.

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