Acurrucada en tu espalda

Acurrucada en tu espalda

¿Sois de los que creéis que febrero es el mes del amor? Para mí son 28 días más (que me perdonen los años bisiestos) que tachar en el calendario. Sencillos, rutinarios. Normales. Aunque si nos paramos a pensarlo, ¿no resulta lo normal extraordinario? ¿No es bonito ingeniárselas para convertir un día como otro cualquiera en algo fuera de lo común? Sea como fuere, en Radhuk cualquier día del año se convierte en una buena ocasión para escribir sobre el amor. ¡Y hacía mucho tiempo que no redactaba un texto tan azucarado como el que tenéis a continuación!

Espero que os guste y que pronto volvamos a leernos 😉

¡Besos literarios!

PD: Al final de la entrada os dejo un par de piezas de piano que tenía de fondo mientras escribía el relato. No pueden gustarme más. ¡Cada vez que las escucho pienso que ojalá supiera tocar este instrumento!

Acurrucada en tu espalda

Si me quedo aquí, acurrucada en tu espalda, puedo relatarle a tus lunares mis mejores cuentos. Cuando el sol vela el amanecer y se cuela a hurtadillas por los huecos de la persiana. Respiro contra tus huesos. Así, lento. Y vivo de esnifar en cada poro el perfume que después de querernos se adhiere a nosotros como si fuera una segunda piel. La lluvia, kamikaze, se está estrellando contra la ventana. Escucho su grito de guerra antes de morir en el silencio que separa nuestra habitación del final del invierno. Trinchera de sábanas y deseos. Razones y sentimientos. Las olas del tiempo pierden fuerza en tu pecho mientras las horas se ahogan en el mar de tus labios, allí donde acaricio los segundos que un día naufragaron. Lejos de verte despierto, escribo un beso en tu sueño. Y me creo una niña. Inocente. Libre. Un gato callejero perdido en cualquier tejado. Le maúllo a la luna que ha anidado en tus ojos. Le canto hasta perder mi voz. Soy un trovador que a tus lunares versa y canta si me quedo aquí, acurrucada en tu espalda.

Si me quedo aquí, olvido que he puesto el despertador. Mis dedos convierten en caminos nunca antes transitados los tatuajes que ocultan cada cicatriz. Las que no llevan nombre. Las invisibles, las que guardan bajo llave tus secretos, las que llevas dentro. Se curan las heridas que hicieron del «soy» un «fui». Es cierto, tu desnudez es mi mejor lienzo. Un mapa lleno de rincones secretos por descubrir; fotografías que tomar; historias que hablarán de ti.

Apoyo mi frente en tu hombro y siento que le crecen alas a mis pensamientos. Lejos, vuelan lejos. Como nuestros pasos perdidos en los minutos ya sepultados. Como la pólvora antes de estallar. Somos estrellas. Somos luz. Somos quimera. Fantasía. Somos nuestro libro favorito en una noche de luciérnagas.

Te das la vuelta. Bostezas antes de regalarme el primer beso de la mañana. Me acaricias.

—Buenos días.

Hora del desayuno. Del besayuno.

Y yo, que respiro de tus para siempre, quisiera quedarme aquí, acurrucada en tu espalda.

 

2 thoughts on “Acurrucada en tu espalda

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