Besos de prosa

Besos de prosa

¡Feliz Día del Libro!

Sí, sé que llego veinticuatro horas tarde, pero no podía dejar de actualizar el blog con una entrada que versara sobre ese día. Para mí cada 23 de abril ha sido importante a su manera, aunque fuesen tonterías las que decidieran hacerlo especial. Un 23 de abril de 2010 gané un concurso literario y decidí ser periodista; un 23 de abril aprobé el teórico de conducir… Y así con más pequeños detalles que hicieron aún más singular el Día del Libro. Este año la fecha me pilló en mi pueblo, San Bartolomé de Pinares, razón por la cual me fue imposible publicar el texto que tenéis a continuación hasta hoy. Supongo que nunca es tarde para rendir un homenaje a esas historias impresas que nos quitan el sueño y nos dejan con ganas de más 🙂

¡Muchas gracias de nuevo por pasar por Radhuk!

¡Nos leemos pronto con nuevos relatos!

Besos de prosa

La tenue luz de un flexo a punto de consumirse para siempre ilumina sus facciones. Su blanca piel palidece más bajo esa iluminación artificial, pero es su sonrisa la que desdibuja el trazo de sus labios cuando relee en Braille los pliegues de su oscura camisa. Lo hace todas las noches, en la soledad del tiempo que acompaña sus latidos. Lo hace en los paréntesis que le conceden los lunes mientras espera al transporte público. Lo hace sin querer… queriendo, volviendo a caer. Una, una y mil veces. Romance de letras capitales y puntos aparte.

Ella nunca habla, sólo siente mientras él acaricia su alma. Se acurruca a su lado y escucha las historias que le roban el sueño pasadas las doce. Billete de tren de vida y vuelta hacia un país que sólo existe en su memoria. Cuánta falta le hacen las palabras, cuán bello resulta abril el veintitrés de cada año, cuando ella desliza los dedos sobre su pecho y se pierde en él otra vez. Besando sus versos a besos de prosa. Huye sin mapas que le indiquen el camino de vuelta. Libre. Soñadora. Vagabunda. Como él la quiere. Como ella le ama a él.

Loca.

Dicen que está loca. Por soñar sin dormir y aún dormida seguir soñado. No le importa. Si es locura lo que la acompaña entre poemas y rosas, si es locura su insomnio de ensueño, si es locura u obsesión la adicción a vocales y consonantes. Si es locura el regalo de su soledad bajo el flexo condenado a muerte, ella prefiere llamarlo amor. Donde el final vuelve a ser un comienzo, su “érase una vez” eterno.

Está enamorada. Enamorada de un libro.

Su libro favorito.

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