Musas

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Gran actividad política la de estos días. Y lo que nos queda. Si estas crónicas fueran un poquito más periodísticas y menos literarias me vería a mí misma redactando artículos de opinión sobre la situación actual. Estamos perdiendo el norte… o lo hemos perdido. Y buscamos soluciones a ciegas, a tientas, confiando en las mentiras que más nos suenan a verdad. Apostando. Nos la estamos jugando. Nos la jugamos. Pero quizás por suerte nada de todo esto trataré aquí. Este blog es un rincón para hacer un pequeño paréntesis y desconectar, una ventanita al mundo para soñar e imaginar. Soñar con musas, como las que protagonizan el siguiente texto, esas que a menudo adoptan los nombres que nos impulsan a rasgar el papel a base de tinta. Siempre me quejo de las mías y de mi propia inspiración cuando intento redactar algo a contrarreloj, así que se merecían un pequeño homenaje… aunque no salgan de él demasiado bien paradas.

Y vuestras musas, ¿dónde están?

¡Feliz fin de semana, chicos!

¡Besos!

¿Seguir leyendo?

PD: Sí, la de la fotografía soy yo 😛

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En tu espalda anidaron mis musas. Perfectas recorrían cada poro, enloquecidas por tu respiración, y bailaban una coreografía que sólo entendían mis letras. Se mudaron a tu piel un buen día. Así, desnudas, sin maletas que ocupar con recuerdos, sin miedo ni relojes que apuntaran al tiempo. Sin preguntas. Sin respuestas. Libres y celosas de la tinta que mojaba el papel cuando mis manos resbalan sobre el folio en blanco igual que se estrellaban contra esa espalda tuya.

Blanca, salpicada de lunares. Trazos invisibles para perderse y escribir(te) entre rimas. Sin saber que alejada del verso respiraba ya en aquel entonces, con mis musas fugitivas, robando cada latido de un corazón que moría de hambre. Me acogió la prosa; me acunó la poesía. Y crecí entre hipérboles y sinonimias creyendo que sabía escribir. Que sabía amar. Que podía amarte. Hasta el abismo. Hasta el infinito. Hasta el fin. Pero no fui más que el sol destrozando nuestra noche de lluvia.

Me encadené a la mentira más absurda, a la más falsa de las metáforas. Y el papel disparó sus balas mojadas. Y mis musas, enamoradas de un hechizo, huyeron del cuaderno de hojas cuadriculadas donde aparecieron por primera vez vestidas de tinta azul para anidar en tu espalda. Alas, les crecieron alas mientras me echaban de la cama que cada noche te veía dormir. Un oásis incierto en pleno desierto.

Desde entonces no sé escribir. No sé amar. Pasan los días como simplemente pasa la vida vertiendo cemento y tierra sobre mi alma desgastada. Y bailan mis musas al ritmo de un pulso desigual, reloj estropeado que dejó de contar los segundos vacíos y mudos. Rotos. Sin un porvenir. Porque nunca vienes. Porque nunca volverás a delinear las sábanas con tu espalda. Donde yacen mis musas. Moribundas. Muertas. Donde yacen mis ganas y las letras que dejé olvidadas y enterradas en la piel que ahora acaricia otra. Sin más. «Te quieros» ajenos cuyo eco se pierde en las paredes que tantas lunas nos vieron explotar.

Porque en tu espalda anidaron mis musas. Perfectas recorrían cada poro, enloquecidas por tu respiración, y bailaban una coreografía que sólo entendían mis letras. Cuna y tumba. Camino corto y literatura salpicada de lunares. Hoy escriben por mí las cenizas de las musas libres y celosas de mis manos resbalando sobre el folio en blanco igual que cuando se estrellaban contra esa espalda tuya.

2 thoughts on “Musas

    1. Prácticamente contesto un mes tarde, pero muchísimas gracias, Nuria, como siempre 🙂 Es cierto que últimamente no publico tanto como me gustaría, pero ojalá pronto estas musas vuelvan a llamar a mi puerta (y que lo hagan más a menudo). ¡Un beso y feliz verano!

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