La voz del silencio

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Pero eres la voz del silencio, del desierto sus dunas, y un fantasma de humo que un día se vistió de carne y hueso. Humo que quema, que hiere, que desgarra. Humo que mata. No eres más que un soldadito de plomo abandonado en el jardín de al lado tras innumerables batallas perdidas, la soledad de marzo y una falsa sonrisa. La tarde absurda de un domingo o su mañana de resaca.
Eres de lo malo, lo peor. El orgullo y el rencor. El engaño y la mentira. El truco y la trampa. La derrota y la caída. Y la manzana prohibida.
 
Del tiempo su segundero y el metrónomo de mi corazón. Tic tac. Eres la arritmia de mis sentidos —tic tac— de los sentimientos que, prendidos en tu ausencia, son también fantasmas de humo que se refugian al final de la botella, bailando contigo, recordando para olvidarte; olvidando para recordarte. Tic tac.

 

Eres una lenta tortura, la cura mortal y hasta la droga más dura. Y vagas libre, a solas y solo, fingiendo que nunca estás, que existes en el mar de mi memoria y en la confusión de mi pecho, en el umbral de la puerta que nunca quiero cruzar. En el vacío de mis recuerdos hechos nuestros.

Mi lunes a las seis de la mañana y la canción más triste un día de lluvia. La eterna duda y mi primer pensamiento antes de despertar. Eres el principito consentido al que jamás podré negarme, pero tampoco pedirle un amor de cuento, un amor irreal. La espera hecha persona, la bandera blanca manchada de barro, con el mástil quebrado por culpa de la indiferencia. Y no puedo pedirte más besos de madrugada con estos labios cortados, pero tampoco decirte que no cuando me los sigues cortando.Porque yo también soy la voz del silencio, del desierto sus dunas, y otro fantasma de humo que un día se vistió de carne y hueso por ti.

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