Hay mil maneras de perderse, pero también debe de haber mil y una de encontrarse. Y quizás este pensamiento solo es la estela de una excusa, o tal vez es una certeza. O una duda. Una más. Una duda a veces es un grito, un puñetazo en la pared o una lágrima… detrás de otra. Es la que, precisamente cuando estamos perdidos, nos da la mano aunque no queramos. La que nos arropa por las noches y también la que se acuesta a nuestro lado susurrándonos en la nuca esas preguntas tan incesantes como malditas. Una duda es un escalofrío.
Yo admito que me he perdido… y que me siento perdida. Parece que he repetido lo mismo dos veces, pero no es igual. Creo que en algún momento de estos días sembrados por la incertidumbre sabré encontrarme, y sabré hallar el modo de que me encuentren.
Mientras tanto seguiré siéndole infiel a la certeza con la excusa, seguiré acostándome con la duda pensando que en realidad soy cobarde, inútil, mientras le pregunto a la luna si mañana saldrá el sol. En verano las noches son más cortas, pero a mí las de este verano en particular, se me antojan una eternidad.
Es a lo que me aferro, a las largas noches que aún me quedan, para seguir viendo el azul del cielo incluso cuando las nubes lo tiñen de negro.
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| Fotografía: hiding in shadows (Flickr) |
¿Quién no ha tenido nunca… estas dudas?
