Latidos desechados de un preso libre

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Latidos desechados

Martes festivo; resaca del Debate Electoral del 20D. El mes de diciembre está marcado en España por un calendario de campañas políticas que se parece más a una carrera a contrarreloj. Independientemente de lo que suceda ese domingo, la Historia se está reescribiendo. Hoy los telediarios llenan su escaleta con totales de los candidatos, resúmenes del Debate y piezas cuyo protagonismo se lo lleva la intención de voto. ¿Quién ganó ayer más escaños? ¿Quién los perdió? Hoy los periódicos dedican sus portadas a lo que anoche se discutió en el edificio de Atresmedia que tan bien conozco (y verlo en la televisión despertó en mí un sentimiento inexplicable de nostalgia). Hoy las radios abren sus programas matinales con tertulias en la onda y las redes sociales se convierten en el centro del sarcasmo y la ironía.

¿Y en Radhuk? Aquí hablamos un poquito más de lo de siempre. Sólo para desconectar durante la lectura de este relato. Sólo para escapar unos minutos de esta ebullición política. Aunque, si el corazón protagonista de estas líneas se presentara Elecciones Generales, sólo ganaría el voto de los más románticos y de los escritores.

Y que conste (en relación a esta entrada del blog) que yo adoro que mi corazón escriba por mí aunque a veces le obligue, como es el caso, a redactar cosas que en verdad no siente. El mío es de los insatisfechos… y por eso lo quiero 😉

¡Disfrutad del día!

¿Seguimos leyendo?

Latidos desechados, Crónicas de Radhuk

No quiero este corazón, deseo uno nuevo, de repuesto, para cuando el mío se rompa consumido en el fuego y el silencio. Uno que ame despacio y olvide rápido, que razone entre beso y beso.

De los que apuestan y pierden, de los que lloran entre las sábanas, de los que roban y no vuelven, de los que hieren y siguen sintiendo. De esos no los quiero. No quiero uno que decida por mí, ni que dé golpes de Estado cuando le falla la democracia, ni que le declare la guerra a la razón cuando la considere una amenaza o que se inmole por una causa perdida. Por una creencia que va más allá de cualquier religión. Rebelde, desobediente, indomable y eternamente insatisfecho.

Y por eso no lo quiero.

Necesito urgentemente un corazón que hable el idioma de la lógica. Recién salido de cualquier clínica de desintoxicación. La adicción a la dopamina ya la he sufrido desgastando por él sus contracciones.

Latidos desechados, tiempo perdido y un corazón triste y solitario. Por quebrarme y romperme en mil pedazos. Por su pretensión de buscar respuestas en el fondo de cualquier botella, de amar a otro corazón que jamás sintió lo mismo. «No te quiero». No lo quiero.

Que ya no sé si me mantiene muerta en vida o viva en la muerte.

Un corazón que no suspire con la voz desgarrada por unas cuerdas vocales maltratadas de gritar por las noches y callar por las mañanas. Que comprenda que el amor es la locura más sana por encima de cualquier enfermiza obsesión. Que no se mienta a sí mismo; que no me engañe y cuyo lugar no se encuentre en lo alto de una estantería cogiendo polvo mientras
se cansa de esperar inútilmente.

Un preso libre. Libertad enjaulada. Quiero un corazón sin antecedentes penales que no regale Literatura. Que no se suicide una vez más entre vocales y consonantes, entre prosa y verso, entre metáforas retorcidas y sentimentales.

Porque deseo un corazón que no sepa escribir.

Deseo, con todo mi corazón, no saber escribir(te).

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