¡Buenas, viajeros! Se nos acaba el mes de febrero, pero en Radhuk lo que no terminan son los relatos. Y eso que, creedme, llevo dos días intentando encontrar la inspiración para poner punto y final al siguiente texto (y mira que no es nada extenso). Esta semana he tenido muchas cosas en las que pensar y aunque escribir es una manera de evadirme de la realidad, no conseguía desconectar del todo. En cualquier caso, aquí os dejo estos peculiares Barrotes de Aire. De esos que no podemos tocar, que construimos únicamente en nuestra cabeza… o alrededor de nuestro corazón.
¿Seguimos leyendo?
Óxido. El aliento frío araña el hierro de los barrotes que conforman mi jaula. Igual de gris, igual de triste que el preso que arrastra su cuerpo sobre la piedra áspera. Corazón inerte; abatida el alma.
Dicen que hay un cielo lejos de estos muros, mejor que este, donde atardece y el naranja quema mi piel del mismo modo en que me abrasa tu ausencia. Hay un cielo raso, azul, que por la noche se enciende y sueña al son de un millar de bailarinas plateadas que me hacen echarte menos. Más aún. Ora tiembla el suelo de esta cárcel; ora yo entre lágrimas que germinan la tierra. Supongo que no eres la princesa de mi cuento, que nunca lo serás ni lo fuiste. Que esta añoranza no es sino el deseo de tenerte aquí, también presa. En mis labios, en mi piel, clavada en un pecho que por ti latió demasiado y que ahora descansa herido y roto.
Abatido me aferro a estos barrotes de aire llamados orgullo y cobardía. De no mirarte, de no quererte, de no amarte. Prisión de silencio, celda de sentimientos y yo recluso, reo de la razón sometida a tu caminar. No creo más que en los segundos en los que respiro y me siento vivo, y entonces recuerdo tu tacto en mi espalda y vuelvo a morir. Sol. Fuiste el sol de cara en plena carretera. Aquel que nos cegaba al amanecer y nos arropaba cuando nos acostábamos con la luna y mil dudas sembrando pesadillas en nuestros sueños. Ahora el cielo muere conmigo. Vacío. Como esta mirada, como este cuerpo, mis ganas y mi cama en un invierno que no deja de plantar batalla. No seré yo quien ceda ante el recuerdo, quien ceda ante los celos de saberte con otro o de besarte sólo en la memoria. De pensar que ahora escribes para otros ojos que leerán más allá de tus letras.
Óxido. Barrotes de aire comprimido que conforman mi libertad. Corazón inerte; abatida el alma. Y de nuevo orgulloso, eterno cobarde. Que si no te quiero es por miedo a perderte y que si te quise fue porque ya te había perdido.

Feb 24, 2016 7:12 pm
Hay ojos que miran pero que no ven. Precioso y melancólico relato.
Feb 24, 2016 7:22 pm
¡Muchas gracias por tu comentario, Nuria! 😀
¡Abrazos!
Mar 2, 2016 11:26 pm
No hay más cárcel que aquella donde viven los sentimientos perdidos en la ausencia y las palabras calladas, mientras los recuerdos del amor van y vienen en una duermevela eterna. Muy bello.
Mar 4, 2016 5:00 pm
Y muy bello tu comentario. ¡Gracias!
¡Y gracias también por pasarte por el blog y leer este relato! Me alegro de que te haya gustado.
¡Abrazos!