Tarjeta roja

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Tarjeta Roja

¡Feliz sábado! Sí, lo sé, hace una eternidad que no actualizo el blog. Desde que reabrí Crónicas de Radhuk en septiembre no han pasado nunca más de siete días sin subir un nuevo relato, pero esta semana ha sido imposible. Desde el martes tengo un horario de trabajo distinto que me resta el tiempo libre que tenía antes, así que cuando llegaba a casa estaba tan cansada que iba escribiendo poco a poco, pero no llegaba a terminar ningún texto. Será cuestión de tiempo que pueda acostumbrarme al cambio. De momento, aunque más tarde de lo acostumbrado, os dejo las siguientes líneas… ¡y mientras sigo pensando en próximos relatos!

¡Mil besos! ¡Nos leemos!

Tarjeta Roja

Si nuestra historia tuviera un comienzo no estaría lejos de cualquier otro érase una vez. El tacto para el tacto que eriza la piel e ilumina la mirada. Y entrecorta la respiración. Cortocircuito cardíaco ante el sarcasmo de quererse, a favor del orgasmo que provoca tu sonrisa.

Reloj. Tic, tac. Son las siete y veintisiete, tal y como proclamaba aquella canción del 2000, pero al contrario que su estribillo yo sí te echo de menos en septiembre y en cualquier mes del año del resto de mis días. Extraño las caricias que aún no están escritas sobre mi espalda o el simple beso que amanece y despierta antes que el sol. Extraño tú, loco y ebrio de un cuerpo, de un corazón en el que refugiarse a medianoche. Esperando a ciegas y yo a deseos nuestro érase una vez. En vela, allí donde muere mi razón para que el corazón renazca de sus cenizas.

Por eso, acércate, reinventemos el cuento. Despierta de los sueños que aún nos quedan por sentir y ven a vivir contra el tiempo, a contracorriente, como si el mundo se empeñase detener nuestra fuga o la locura de habernos encontrado. Sin reglas ni barreras cercando nuestras ganas de comernos a versos, de perdernos en la retórica del otro. De engañarnos con la poesía que se borró de las carreteras de Madrid. De dejarnos y volver. Y volver a dejarnos para que otra vez resuenen los te quiero (más). Pitido inicial. Saque. Dame noventa minutos de juego, tiempo y además, de descuento, y después prórroga. Que si la suerte quiere nombrarnos vencedores ondeará la bandera blanca en la última tanda de penaltis.

No soy yo, no eres tú. Somos un nosotros imborrable. Y mil recuerdos. Los recuerdos que hablarán de nuestros sueños cuando el tiempo nos convierta en piedra y mi nombre de bronce brille al despertar de cada mañana. Al alba libre de cuervos y urracas, de tarjetas rojas. Como en los cuentos.

«Érase un vez». Ni tú, ni yo. Como afirmar que uno más uno nunca son dos. Como descubrir la perfección de las matemáticas hecha imperfecta gracias al amor.

Un cuento antes de dormir. «Érase una vez».

«Érase una vez… nosotros»

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