Allá donde terminaba la hoguera

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El cielo oscuro del crudo invierno acogía con indiferencia el humo que ascendía lentamente hasta tocarlo. Sobre el empedrado gris de las calles no tan laberínticas como en un principio puede parecer, la nieve se derretía a un ritmo más rápido, pero igualmente cautivador, mientras el frío se ocultaba por miedo al calor de aquellas hogueras enormes que coronaban cada resquicio del lugar.

Mis dedos temblaron ligeramente antes de accionar el disparador de la cámara y el primer flash de la noche se infiltró entre las llamas en el mismo instante en que un jinete y su caballo las atravesaban de un salto. Las crines y la cola del animal habían sido trenzadas con fuerza esa misma tarde, y en el elegante cuerpo, cubierto por una capa de vaselina, se vislumbraban mejor los poderosos músculos del corcel de cuento que bailaba sobre las brasas sin quemarse. Ni siquiera cabeceó cuando entró en el fuego. No relinchó. Clavó su negra mirada allá donde terminaba la hoguera y se dejó guiar por las órdenes de su dueño, quien acarició con suavidad el cuello del caballo inclinándose sobre él, susurrándole a saber qué palabras, antes de espolearlo hacia el fulgor de la lumbre.

La música sonando desde algún rincón era atronadora, al igual que los gritos de admiración de los asistentes, los cuales se calentaban las manos con su propio aliento antes de gastarlo en la siguiente ovación.

Así llegó la primera fotografía, una de tantas que, como cada año, suscitaría la polémica por encima de lo que otros consideran arte o belleza. Más allá de la tradición.
El escenario que describen brevemente estos párrafos no es sino un reflejo de una realidad que se sucede cada 16 de enero: las Luminarias, un espectáculo que genera turismo en las localidades donde se celebran, como San Bartolomé de Pinares (Ávila) o Alosno (Huelva).
¿En qué consisten las Luminarias? 
Antes de seguir y para ofrecer una idea general de los contenidos que aquí se exponen a continuación, recomiendo echar un vistazo a los siguientes vídeos:

A grandes rasgos, se denomina «Luminarias» a la festividad celebrada por San Antón (San Antonio Abad), patrón de los animales. La noche del 16 de enero se prenden hogueras (con ramos, piornos y jaras recogidos previamente) en las calles de aquellos lugares en los que se lleva a cabo esta tradición, y caballos, burros y mulos atraviesan las llamas junto a los jinetes que los montan. Posteriormente se hacen en ese mismo fuego, a medianoche y al punto de consumirse, parrilladas con chuletas, panceta, chorizo, morcilla y demás, alargando la fiesta hasta bien entrada la madrugada.
En el caso de San Bartolomé de Pinares, las Luminarias continúan al día siguiente, a las 17:00 horas, en lo que se llama «correr las cintas», una especie de carrera en la que de nuevo jinite y caballo son protagonistas. 
De un lado a otro de la calle se coloca una larga cuerda (sujeta mediante una soga y una argolla) de la que penden cintas de colores a una altura que varía entre dos metros y dos metros y medio. Las cintas, de cuyo extremo cuelga una arandela, oscilan enrolladas a la cuerda y así deben atraparlas los participantes a lomos de sus caballos, armados únicamente con un bolígrafo o un instrumento similar que sirva para introducirlo por la anilla y llevarse la cinta de la cuerda, así como el premio que esta guarde. 
La carrera tiene lugar hasta que se agoten los premios y para ello se organizan dos rondas: una primera con premios en metálico y otra más con premios materiales. Además, para incrementar la dificultad, un alguacil controlará la cuerda tirando de ella. De esta forma podrá impedir que los jinetes consigan acertar fácilmente a la hora de llevarse las cintas.
Finalizada la carrera se da por terminada esta festividad hasta el año venidero.

Antiguamente, los jinetes participaban con gallos, siendo estos los premios a conseguir, pero debido a un cambio en la mentalidad de la sociedad, fueron sustituidos por cintas, de modo que ningún animal saliera herido durante la celebración de esta fiesta.

Los orígenes
Es difícil situar el origen de las Luminarias debido a que no existen documentos escritos por estar esta fiesta, según se cree, vinculada a las tareas propiamente campensinas. No obstante y en base a su simbología (la religión, el fuego, el caballo), su origen podría hallarse en la Edad Media (siglo V – siglo XV).
A San Antón, los ganaderos le confiaban los cuidados de sus animales, asumiendo que el fuego era un elemento purificador con efectos medicinales y que el humo resultante de la quema de los ramos era devuelto al santo en agradecimiento. Las Luminarias se corrían teniendo en cuenta esta creencia labrándose una tradición que sigue muy viva a día de hoy entre quienes la conocen y admiran.
Sin embargo, la lucha entre aquellos que defienden esta práctica y ciertas asociaciones como el Observatorio Justicia y Defensa Animal, es constante. Las opiniones y los argumentos vienen y van de un lado a otro sin alcanzar nunca un acuerdo. Por una parte, la tradición, el folklore, la cultura. Por otra, las denuncias de dichas organizaciones, que sobre las Luminarias se pronuncian asegurando que hacer pasar a los caballos a través de las llamas no es sino provocarles miedo y estrés, además de ir en contra de su naturaleza y dejar que inhalen gases tóxicos. Los lugareños de San Bartolomé de Pinares no están de acuerdo con tales afirmaciones, siendo ellos mismos los primeros en defender la integridad y dignidad de los caballos.

A pesar de todo, y por encima de la discusión existente cuyo fin es distinguir lo que es cultura y lo que no, esta batalla, tal y como sucede con la tauromaquia, continúa su curso año tras año, si bien es cierto que resulta menos clarividente que el debate del toreo y lo que ello supone (la muerte de un animal).

J. Alberto Sáez explica en lasluminarias.com que esta es una «fiesta con mayúsculas que deja de ser un apéndice agrario anual y rutinario, aunque bello, para adquirir una nueva dimensión folklórica, evocadora de un estilo de vida que nos ha definido como comunidad. Fiesta que requiere para perpetuarse voluntad popular expresa y conocimiento de la tradición«.

Y por esa definición, los habitantes de San Bartolomé de Pinares fundaron en 2004 la Asociación de Defensa de Las Luminarias y Amigos del Caballo (ADELUACA), con el objetivo de dar a entender que la práctica y difusión de esta tradición no conlleva maltrato alguno del animal, entre otros propósitos.
La música
Todo acontecimiento importante o cualquier festividad tiene siempre su música por acompañante. Las Luminarias no podían ser menos, y por ello he recogido aquí la melodía tradicional que no para de sonar durante la celebración de esta fiesta:

Repercusión internacional

Poco a poco, el eco provocado por las Luminarias, bien por la polémica que suscitan o por el vistoso espectáculo que ofrecen, se ha hecho oír en varios rincones del mundo y cada vez la afluencia de turistas y medios de comunicación extranjeros es mayor. Tanto es así, que algunas agencias o páginas web especializadas en fotografía, han recogido las imágenes más impactantes de determinados acontecimientos sucedidos a lo largo del año. Dos ejemplos los tenemos en la agencia americana de prensa Associated Press (en su sección de imágenes) y The Atlantic, si bien es verdad que no son los únicos en recoger gráficamente esta fiesta. Desde el 2011 al menos, las Luminarias se han labrado un hueco en estos recopilatorios de fotografías.

Una valoración y algunas aclaraciones
La que escribe no es natural de San Bartolomé de Pinares ni de Alosno, pero sí ha estado en las Luminarias de ese pequeño pueblo abulense que se ha ganado la mitad de su corazón. Ha hablado con sus gentes sobre esta fiesta y puede asegurar que no hay manera de expresar el cariño que sienten ellos hacia sus caballos, la forma en que los cuidan y la manera en que los preparan para atravesar las llamas. No es sólo cuestión del dinero que un caballo necesita, tanto para su adquisición como para su manutención.
Por ello es necesario realizar algunas aclaraciones. 
La fiesta de las Luminarias es un acontecimiento incluso más esperado que las fiestas patronales del pueblo (celebradas desde el 23 de agosto al día 27 del mismo mes). El año entero es todo un preparativo para poder correrlas junto a los caballos, aunque es durante la tarde del 16 de enero cuando cada detalle está listo para la gran noche. Así pues, los jinetes (que ocupan un amplio abanico de edad) pasan ese tiempo trenzando y fijando las crines y colas de sus caballos. De igual modo, untan todo su cuerpo de vaselina para evitar que el animal sufra quemaduras, aunque es importante saber que en ningún momento se les obliga a pasar por las llamas, sino que bien las bordean si el propio caballo recula o muestra signos de no querer pasar. Insisto, no se les obliga y los jinetes están siempre con ellos, atravesando juntos las hogueras, puesto que la creencia no consiste solo en una garantía de protección para los caballos, sino también para aquellos que, a lomos de los equinos, atraviesen el fuego purificador.
Tras haber pasado a través de las brasas y el humo, y una vez acabada la noche, en los establos, los dueños los arropan con mantas para dar esquinazo al frío una vez han sido sometidos al calor de las teas ardiendo. Así cada 16 de enero desde que el mundo es mundo.
Yo conocí las Luminarias por primera vez siendo una niña. En aquel entonces estaba más interesada en jugar con la nieve que en poner atención al espectáculo que tenía delante. Pero con el tiempo mi percepción cambió, y a pesar de que la nieve sigue siendo un gusto tonto, la Noche de los Caballos de Fuego y la ilusión con la que los bartolos la esperan, se ha convertido en algo que también es importante para mí y que por haberlo vivido no quiero que desaparezca. En mi bolsillo está la promesa de atravesar yo misma las llamas algún día.

Pero retrocedamos unos párrafos. Anteriormente hablábamos sobre el origen de las Luminarias. Bien, por esa falta de documentación si en San Bartolomé de Pinares un nieto le pregunta a su abuelo: «¿Desde cuándo se celebran las Luminarias?», él sin duda, contestará: «Desde siempre», y procederá a relatarle cómo él mismo, a lomos de un caballo bautizado Morito corría por las calles empedradas luchando contra el frío de enero, haciendo resonar los cascos del animal sobre el suelo… Le contará cómo amanecía el pueblo al alba, con esos colores entre azulones y rosados, con el sol despuntando allá a lo lejos, en el horizonte,  y esas campanas tronando desde lo alto de la espectacular iglesia, haciendo temblar sus cimientos… desde siempre. Ahora ellos solo esperan que esta tradición también se mantenga «para siempre».

Para saber más

  1. Ene 23, 2014 11:20 pm

    Magnífico reportaje, muy interesante y bien documentado e ilustrado, sobre esta tradición que desconocía completamente. Como en todos los festejos en que intervienen animales, siempre hay asociaciones que están en contra, y haces muy bien en recoger los dos puntos de vista, para que el lector pueda opinar con conocimiento de causa..

    Como sé que no te tomas a mal mis sugerencias, me permito señalarte que he vuelto a leer ese «a conseguir» (en este caso premios) que a mí me rechina, así como que escribes «en base a su simbología»,cuando la locución prepositiva «en base a» (que se utiliza en el lenguaje forense) no es correcta en otros usos, para los que los maestros de la lingüística (como don Manuel Seco) aconsejan emplear «con base en», «sobre la base de» o «basándose en».

    Pero de verdad que el reportaje es excelente, y que tus dotes como periodista y escritora están fuera de toda duda. ¡Enhorabuena de corazón!

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