Alma gris

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¡Hola, viajeros! Y nunca mejor dicho, porque es posible que algunos de vosotros estéis aterrizando de vuestras vacaciones. En mi caso es más o menos así. Hace justo una semana que comencé a trabajar tras irme quince días al que para mí es y será mi eterno refugio: el pueblo de mi madre. Un tiempo de absoluta desconexión para volver al lunes del año, septiembre, con las pilas cargadas.

¡Y aquí estamos! Con nuevos escritos y muy pronto, con una reseña del último libro que he podido leer.

Sin más os dejo con el siguiente texto, agradeciendo otra vez, eso sí, la paciencia que tenéis entre publicación y publicación y, por supuesto, el hecho de asomaros a esta humilde ventana literaria.

Un beso muy fuerte.

¡Nos leemos pronto!

Alma gris, Crónicas de Radhuk

Te mereces que te quieran. Así, tan tuya y de tus besos, mía. En las mañanas de sueño tatuado en tus mejillas, cuando el sol, insolente, te acaricia las curvas marcadas como peligrosas y el blanco de las paredes cobra color en tu despertar. Despeinada, con los labios hinchados, los ojos aún entrecerrados, dormidos. Tal vez soñando. Te mereces que te quieran. Tan tuya y de tus palabras, mía. Sin saber si quitas o das la vida en el momento en que también te desprendes de la ropa. En el llanto de tus peores días; en la risa de tiempos mejores. Te mereces que te quieran. Cuando el olor a tostadas inunda la cocina. Mantequilla, fresa y melocotón. Y café recién hecho. Y tus pies descalzos tocan el suelo, pero tu alma vuela lejos. Libre. A solas con tus pensamientos. A solas. Sola. Hasta que el tacto de las frías baldosas se asegura de que aterrizas de nuevo en tu dormitorio y piensas en mí. En la realidad. Que somos todo. Y al mismo tiempo nada. Y me besayunas, como decía aquella canción. En invierno, cuando el amanecer te gana en lo que a pereza se refiere y te aferras al último mensaje que te escribí. Consonantes que aman vocales. Creyendo ser todo, siendo nada. Como si nada.

Nada.

Palabras.

De las incomprensibles, de las incoherentes.

Palabras.

Y tú, entre tristes sonrisas, el alma gris. El corazón bombeando sangre porque no le queda otra más que latir. Te mereces que te quieran. Vestida de estrellas tus lunas en la soledad que te ama a ciegas, entre sueños que se desencajan a cada lágrima que besa la almohada. Tan niña y de pronto, entre mis brazos, mujer. Tan tuya y de tus versos, mía. Los domingos por la tarde, tan absurdos en su existir, tan vacíos en el calendario del mes. Tan de dormir hasta el mediodía y soñar hasta la medianoche, después de las doce, cuando el cuento empieza y no muere. Y te parece verdad. Y me escribes, y te leo. Y te quiero como si fuéramos todo sin ser nada.

Como si nada.

Te mereces que te quieran. A veces tan tuya, a besos tan mía. Así, vestida de ganas el alma teñida de gris.

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