El dragón tiene un secreto

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Tengo un secreto. Es un secreto tan pequeño que su brillo no puede percibirse ni siquiera en la más absoluta oscuridad. Es bonito, es dulce, es tierno y peligroso a la par. Es un secreto mortal. 
Se encuentra a mi lado en una ventana. Ambos nos apoyamos sobre el alféizar y desviamos la mirada hacia el abismo, donde una espesa niebla se arremolina en torno al suelo. Suena una extraña canción entonada por mil ametralladoras cuyas balas se hunden en mi pecho. Preferiría morir atravesada por sus atronadores acordes, pero en su lugar y a pesar del dolor me dejan seguir respirando, sintiendo en mis oídos la voz del secreto que no quiero escuchar. Su melodía única, la excusa de la mañana que se echa a llorar.
Fotografía: Jenn Durfey (Flickr)
Mi secreto son esas hojas que se abren como extendiendo sus brazos para rodear mi cintura, cuando no es mi cuello, y ahogarme. Retrocedo asustada, pero enseguida disipo mis propios miedos y vuelvo a asomarme por la estrecha oquedad abierta en la pared solo para mí. Acaricio con cuidado el cristal de mi ventana y me pregunto, no sin cierto temor, cuán enigmático es mi secreto para el yo que escucha sus susurros en silencio, cuán temeraria seré para introducir mi cuerpo por la abertura y precipitarme al vacío sin mosquetones ni cuerdas que impidan mi caída. De rodillas sobre el alféizar me alzo contra el viento y deseo tener alas para ser capaz de rectificar si fallo, para poder echar a volar si lo único que hallo al final del camino es el reflejo de un corazón roto por amor.
Lejos, muy lejos, la venda que cubría mis ojos vuela libre y perdida en las noches de agosto. Supongo que me está buscando para que mi secreto no lo sea tanto, para que tropiece y caiga a través del marco de la ventana hacia la cruenta batalla que se está librando en el abismo. Error. Sé que aunque sobreviva, aún no estoy preparada para recibir la estocada del caballero de brillante armadura que me espera al pie del cañón en esta absurda guerra.
Mi secreto es estúpido. Mi secreto es un loco engreído que juega a engañarme, que me embriaga con palabras bellas redactadas en una prosa perfecta. Soldadito en conflicto bélico de cañonazos al viento, de mentiras, de razones y sentimientos.
Qué ridículo. El soldado que escribía cartas a Julieta no era más que la sombra de mi secreto intentando convencerla de que Romeo no era Romeo.
Mi secreto es molesto, un auténtico incordio. Y ese soldado ya no va tras las faldas de  Julieta sino que, espada en mano, cruza el viejo puente que veo a través de la ventana adornada con oxidadas rejas.
Fotografía: tnimalan (Flickr)
Según avanzaba imaginé más de un millar de fantasías. Creí en las lágrimas de aquel caballero, juré que serían mías. Pensé en regalarle mis besos, mi alma desnuda y desprotegida. Le quise en un solo pálpito que agitaba el tañido de mi risa. Y soñé con verme reflejada una y mil veces en su brillante armadura dorada. Arrebatársela para tocar su piel con unos dedos que temblarían demasiado.
Pero este secreto tan violento y desbocado que guardaré en lo más profundo de mi pecho, le dice al valiente soldado que no escriba más poemas, que no dé un paso más, que no necesito ser rescatada de lo más alto de la más alta torre, que deje dormir al dragón que mora en el interior de todos los latidos de mi corazón. La criatura que ruge mientras bombea mi sangre.
No soy la princesita frágil y desvalida del cuento que la mente del caballero teje en silencio. Soy el dragón que custodia el castillo… aunque el mismísimo dragón se queme en su fuego y crea ciegamente ser la princesa que viste de plata y oro, que desenreda su cabello antes de dormir en una cama mullida de delicadas sábanas. La princesa de una historia que terminará en tragedia.
Como todas las historias de amor que merecen ser relatadas en tinta negra… para que aquellas como yo lloren tras leer la última línea. Para ver, por fin, que no hay secreto más venenoso que el que yace conmigo sobre el alféizar de esta ventana a la que sigo aferrada con fuerza.
  1. Abr 30, 2014 8:12 pm

    Tan subjetivo y relativo relato… me gusta, también me gusta la inspiración donde lo tomaste… de pronto una idea se convierte en esto!

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