El penúltimo beso

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Fotografía: sunlight cardigan (Flickr)

Últimamente escucho mucho a Shawn Mendes. Su tema Never be alone encaja de alguna manera con las despedidas que agosto se llevó consigo. Quizás es por ese deje tan triste que transmite la letra, pero al mismo tiempo lleno de la ilusión que apunta hacia un nuevo comienzo. Life of the party es otra de sus canciones que se ha colado en mi reproductor de música y que suena una y otra vez en mi teléfono móvil estos días.

Supongo que no termino de acostumbrarme a la vuelta de vacaciones. Los días de verano se terminaron para mí algo antes del 31 de agosto, que fue cuando llegó lo que siempre quise seguir retrasando: el adiós convertido en un esperanzado hasta pronto. Fue entonces cuando abrí el procesador de textos y decidí dedicar unas palabras a esos lugares, a esas personas que compartieron un pedacito de su vida conmigo los días de julio y agosto y por las que cuesta tanto confiar en ese hasta pronto. El resultado es el «relato» que tenéis a continuación, El penúltimo beso.

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el penultimo beso

No te vayas. Y si te marchas no te despidas. Que siempre nos quede el penúltimo beso, la penúltima caricia. Que sea el interrogante, la perfecta incertidumbre de la próxima estación, el enigma. No te vayas hoy, que el tiempo de mi reloj desea retenerte aquí a mi lado, que mi voz a la tuya le susurra versos que saben a primavera.

No te pierdas. Y si te pierdes que sea en la autopista de mi cintura, allí donde en verano el sol quema y tus manos se quedan marcadas a fuego. Díselo a mis labios, diles que hoy te quedas en mi sentido del gusto, la vista, del oído, del olfato y sobre todo del tacto. Dile a mi piel en un roce que el mañana es para siempre, que tu boca se prende a la mía como una llama que nunca muere.

No te calles. Y si guardas silencio que sea porque me estás besando, porque me mates un poco más a cada suspiro arrebatado, porque me hables con tus ojos castaños.

Que mil palabras yacen escondidas en tu cuello.

Que mil latidos retumban desenfrenados en mi pecho.

Que mil verbos te gritan que te quiero.

No te vayas. No te pierdas. No te calles. Que siempre nos quede este momento, la despedida que jamás habrá, este lugar, este minuto congelado en el tiempo.

Quédate aquí. Conmigo sin ti; contigo sin mí, pero quédate. Que no sólo sean recuerdos la penúltima caricia, el penúltimo abrazo y el penúltimo beso.

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