Fui

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No, el aviso que os ha llegado al correo no es un mail fantasma. ¡Estas Crónicas aún viven! Aunque sí, lo digo con la boca pequeña, pues han pasado meses desde que escribiera la historia de aquel anciano orfebre y su veleta roja. Perdonad por tan larga espera. La inspiración es caprichosa y escribe cuando quiere, ya lo sabéis. Yo sólo transcribo cuanto piensa.

No quiero alargarme demasiado. Este, como no podía ser de otra manera, es uno de esos relatos difíciles de escribir y de leer. Quizás porque para mí se trata de una situación personal. Quizás porque en sí el tema que describe (pese a subyacer disfrazado), es complicado, triste y duro. ¿Recordáis aquel texto sobre el Alzhéimer? Pues este también habla de un hombre abatido por los recuerdos que hacen la maleta y abandonan su refugio en la memoria.

Cuando redacté el primero no podía imaginar lo que sería vivirlo. Hoy lo sé. Por eso escribo otra vez sobre ello. Porque las palabras seguirán ahí cuando los recuerdos cierren la puerta para no volver. Cuando la razón no entienda y el tiempo apremie. Cuando todo lo que nosotros recordemos sea un sueño lejano para mi abuelo.

Mil gracias por pasaros por Crónicas de Radhuk. ¡En la próxima entrada espero poder sorprenderos con un relato más amable, que ya toca!

Disfrutad de lo que queda del domingo.

Besos literarios.

Fui

Hoy. Hoy te recuerdo entre las flores del verano, el calor de un loco agosto y nuestras sonrisas de cristal. Hoy el tiempo sin prisa pasea sobre el gris y la plata del suelo adoquinado, aquel por el que nosotros también solíamos caminar. A ratos, sonámbulos. A besos, enamorados. Y ni un segundo más en este reloj cabe. Reloj de sangre y carne que hoy eriza mi piel bajo la tuya. Tan blanca. Tan pura. Tan arrugada y perfecta en este invierno que se niega a morir.

Hoy me bailan las letras que me hablan de ti mientras el que ayer fui se burla de mi aliento tras las fotografías del salón. Atrapado en mis mejores años. Atrapado entre las paredes de mi razón. Donde ayer era todo sin ser nada, donde hoy soy nada y mañana sólo vapor difuminándose en el aire. Volando lejos. Como un pajarillo herido. Cobarde. Huidizo. Desvaneciéndome en ti.

Lejos, tan lejos.

Compañero del viento.

Lejos.

Que no es el olvido mi destino si en el alma aún vive el corazón. Dormido, estaré dormido. Aquí. Tan cerca y a la vez en otro cielo.

Lejos. Tan lejos. Tan lejos.

Lejos.

De ti.

Donde ayer me tenías y me amabas, donde ayer sencillamente fui.

Ayer.

Que te quise en noches de estrellas perladas que incontables veces hicieron de la Tierra un cielo lleno de faros. De barcos moribundos que encallaron en tus labios. De mares tan voraces como el hambre. Mi sed de ti.

Ayer contaba cuentos llamados experiencias con una facilidad tan abrumadora que hoy me resulta absurda.

Ayer leía.

Ayer soñaba.

Ayer era libre.

Ayer era.

Ayer.

Y sólo un segundo de aquellas horas ya pasadas quisiera rememorar en el prólogo de esta vida que, amenazadora, se cierne sobre mi garganta en forma de cápsulas incoloras. De falsa añoranza. De tener lo que jamás tuve, de perder lo único que siempre he tenido. Morir en vida, contigo. Y en vida cada recuerdo tornar en golpes contra la mesa de cristal, creyéndome mío, con los pies en el suelo y aún así volando lejos. Como una hoja seca y desertora que abandona el otoño arrastrada por el crudo invierno.

Lejos, tan lejos.

Compañero del olvido.

Lejos. Tan lejos.

De ti.

Hoy, que no sé ni quién soy, ni el día, ni la estación. Hoy, que no reconozco en mis ojos tu mirada gris.

Hoy, simplemente, fui.

  1. Jun 25, 2017 3:12 pm

    Que bonito.
    Gracias

    • Jul 18, 2017 8:50 am

      @Nuria

      Muchísimas gracias, Nuria. ¡Qué alegría verte de nuevo por el blog! Besos 🙂

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