Ojalá

18/142
Ojalá

Cuando el frío peinaba las calles, yo escribía acerca de funambulistas que bailaban sobre abismos imposibles. ¿Lo recordáis? Vengo de allí, de donde esos funambulistas sueñan ya con esa noche. Los abrigos continúan en el armario porque el calor estos días es sofocante y el fuego, lejos de arder en cada esquina, lo lleva dentro la gente que ha caminado por San Bartolomé de Pinares la última semana de agosto. ¿Por qué os cuento esto? Porque este año decidí presentarme al concurso literario del pueblo más bello de Ávila con «Funambulistas» y el relato resultó ser el ganador del primer premio. ¡No os imagináis la ilusión que me hizo! Para mí es muy especial recibir ese reconocimiento en el lugar que cada verano me ha visto crecer, aprender, madurar y ser lo que soy hoy. Por eso quería hacer una mención especial en esta entrada y agradecer, una vez más, al jurado que decidió que esa era la historia merecedora de tal puesto. ¡Gracias!

Y ahora sí, poco a poco despedimos el verano… Os dejo con el siguiente texto. Para ser sincera, comencé a escribirlo hace un par de meses. Volvía a Madrid desde Valencia en un autobús escuchando a Beret. Seis horas de viaje sirvieron para dar vida a las primeras palabras que leeréis aquí. El resto, las haréis respirar vosotros.

¡Muchas gracias por seguir ahí!

¡Nos leemos!

Ojalá

El frío de tus dedos sobre mi pecho congela mi alma. Siento tu inverno en mi verano; la ventisca llorando su blanco sobre las flores. Se arropan, cansadas, esperando que el tiempo disfrazado de muerte las marchite. Túnica negra. Guadaña. Qué bonito fue quererte sin querer, pensar que tu piel le daba sentido a mis labios, que eras tú lo que agitaba las agujas de mi reloj, el hilo conductor. Mi único hábito. Que eras tú y sólo tú mi destino, el camino, brújula y horizonte… Que eras tú y no los años de calendarios ya olvidados convertidos en una triste canción.

Siento decirte «lo siento». Pero más siento no haber(te) sentido. Las palabras que siempre te dije y que ya no digo las escribo sobre las cartas que nadie lee; que nadie ha leído nunca. Que somos ceniza surcando los mares, volando entre nubes que peinan, veloces, un cielo azul. La fuerza, las ganas que nunca encontraba, escondidas jugaban, y que en cuatro segundos me diste tú. Somos la sombra de nuestros cuerpos unidos: hueca, oscura, al asfalto adherida y herida por los cristales de la última botella que en el suelo se estrelló. El alcohol besando la madera desgastada, prendiendo la llama. Dejando no más que polvo y desolación. Somos la fe en la mentira sin creer que lo bueno nos llegará, quizá, algún día. Que si te pierdo te hallaré en otras vidas.

Ojalá…

Respiras. A mí me falta el aliento. Siento no haberte dicho más veces «te quiero». Se me hunden los minutos en los suspiros que le regalo al viento. Se pierden de repente como si no hubieran existido. Como nosotros, sin sentirnos vivos. Y no sé cómo pedirte que vuelvas si soy yo la que ya se ha ido. Si soy yo quien nunca entendió tu mirada en la mía, el alma sangrando, muda y vacía, mientras el corazón despegaba rasgando este amanecer escarlata. Como un caza. Si soy yo la que jamás supo que el futuro estaba contigo, pero nunca conmigo. Que perlan mis lágrimas de olvido la piel que arropa tu espalda. Que visten de negro tus labios mis latidos que en procesión avanzan.

No sé. Nunca he sabido.

Te dejo triste. Te dejo. Jamás te he tenido.

Te quiero. O te quise. Te querré.

No sé. Nunca he sabido.

Ojalá saberlo. Ojalá sentirlo.

 

  1. Mar 19, 2020 8:20 pm

    Me gusta tu forma continua, armónica donde descrisves tan bien el desamor.

    • Mar 23, 2020 11:23 am

      @Ester

      ¡Muchísimas gracias! Un abrazo.

Write Comment...

Name

Email

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.