Qué razón tenía Carolina

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Fotografía: Oleh Slobodeniuk (Flickr)

—Jamás veré las estrellas si por mí obligas al sol a salir de noche.

Qué razón tenía Carolina.

Cuando aquellas palabras salieron de su boca sus ojos brillaban más que la seguridad de la sentencia. Dio media vuelta dejándole con la miel en los labios, a oscuras en mitad de la nada, con el lento metrónomo en que se convirtió el latido de su corazón. Palpitaba a cada paso que ella ponía de distancia entre ambos, y gritaba más que su alma pidiendo socorro, haciéndose pedazos. Se le torció la sonrisa al doblar la esquina, se apagó su mirada, se le fue la vida. Y en los recuerdos de él quedó su imagen grabada, la sombra de sus curvas aún reflejándose en el cemento de aquella pared desteñida.

Ahora solo la ve en fotografías, encerrada en los marcos de madera, protegida del frío gracias al cristal con el que le gustaría cortarse. Si tan solo supiera que la sigue buscando, si tan solo en silencio pudieran quererse, entenderse otra vez… Si tan solo y de verdad pudiera obligar al sol a salir de noche…

Qué iluso… qué razón tenía Carolina

No podría ver las estrellas. Pero es que tampoco puede verlas si en su almohada no está ella.

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