Llevo siglos intentando escribir el siguiente texto sin pasar de los dos primeros párrafos. El calor, el cansancio o alguna que otra escapada que ya he hecho este verano, no sé, llámalo X, me lo han impedido. Y hoy lo he terminado casi por las mismas razones que describo en las líneas que tenéis redactadas a continuación.
Esta es una historia de amor, para variar (nótese la ironía). Una montaña rusa de no saber, de no entender. De querer ciegamente y sin motivos. Trágica, agonizante… y tal vez por ello bella (a su manera).
No os adelanto más. Os dejo con el relato 🙂
¡Hasta pronto y mil gracias por seguir estas Crónicas!
¡Besos manuscritos!
PD: Últimamente he estado escuchando sin parar Asylum, de Sara Serena. Es una canción que de algún modo logra relajarme, además de que me encanta la letra. No sé por qué ha conseguido llegarme tan adentro, la verdad. Será la voz, la melodía, el contexto en que la escucho o todo en su conjunto, pero me transmite una infinidad de sensaciones que van más allá de la música. Tal vez por eso quería compartirla. Por lo visto iba a ser la encargada de representarnos en Eurovisión este año, aunque se quedó en una tentativa. Encontraréis el tema al final del post 😉
Ahora sí… ¡hasta la próxima!
Mía. Te creí mía. En el ocaso de una adolescencia triste, cuando las paredes del lavabo contaron las lágrimas que te vieron nacer clavada en la puerta de madera. Mía, fuiste mía. Donde se amaron la rabia y la impotencia, donde el cuerpo frío y desnudo buscó el abrazo de tus letras. Sin sentir, sentía. Sin querer, quería. Y a tientas me encontraba en tu pecho respirando, tú susurrando al oído las vidas con las que después arropé al papel.
A gritos. Te llamaba a gritos. Siempre deshiciste los pasos andados para curarme el corazón dolido. Venías. Volvías mientras yo me enamoraba de una fantasía. Y ahí te hice mía. Entre los «érase una vez» vestidos de negra tinta. En la duda y el silencio con los que amenazaban tus puntos suspensivos. Y los finales. En la soledad de mil noches en vela, recitando en la memoria cada palabra que abrigó el blanco de un folio cualquiera. Te besaba cerrados los párpados; te atrevías a acariciar mi alma desprotegida dejándome en la agonía de no saber cuándo regresarías a mi dormitorio. A mi cama rota y vacía. Donde te creí mía. Mía cuando los muros de mi pecho se vinieron abajo. Mía cuando el sol enfriaba mi aliento. Mía en el refugio que hice nuestro, donde creí que mi corazón desgastado latía por dos.
Mía. Te creí mía. Los otros también lo hicieron.
Te tocaron en la penumbra de la imaginación, buscando la poesía azul celeste con la que arañabas sus espaldas desnudas. Te acostaste con los sueños que estallaron como fuegos artificiales al verse reflejados tras los escaparates de las librerías. Sin «te quieros». No hubo «te quieros». Los que nacieron en mi boca murieron asfixiados en un aire contaminado sin apenas rozarte. Sin entender que tampoco los querías. Romances de una noche fueron suficientes para poner a prueba tus manos sobre las mías. El insomnio que vencí contigo le declaró la guerra a las sábanas de otro. Tic-tac. Reloj inocente. Insolentes mis celos. Y el orgasmo fue tal que entonces, sólo entonces, supe que te perdía. Que no eras mía.
No. La literatura nunca fue mía. Libre soñaba en brazos de quien la enamoraba y sabía amarla. Adornaba las tardes de soledad, las lágrimas que teñían de rímel el blanco de la almohada. A menudo se quedaba, pero se marchaba con mayor frecuencia. Si bien hoy duerme conmigo mañana quizás llame a tu puerta. Para escribirte de nuevo, decirte las cosas que nunca digo escondidas entre mis versos. Entre líneas.
Y poder abrazarte. Y vivir los sueños.
Confesarte que te quiero.
Mía.
Aunque no seas mía.

Jul 24, 2016 5:38 pm
Muy bonito tu texto, como de costumbre.
Leído en la placidez del paseo marítimo, tras una siesta reconfortante y antes de algo de buena lectura y mucho pescaíto frito.
Gracias y felices vacaciones.
Jul 24, 2016 6:35 pm
¡Muchas gracias, Nicolás! Disfruta de tus vacaciones. ¡Abrazos!