Escríbeme un cuento

126/142
Las siguientes palabras abrieron para mí el mundo del periodismo. Este relato no tiene relación alguna con los reportajes, las noticias, las columnas de opinión o las piezas de vídeo editadas para un programa de televisión. Sin embargo y como menciono en el apartado Sobre mí, hizo que me decantara por convertirme en periodista al ganar con él un concurso de relatos breves.
Fue escrito en abril de 2010, cuando aún tenía diecisiete años y esperaba a cumplir los dieciocho en agosto y desde entonces mi prosa ha cambiado, aunque la esencia sigue siendo la misma. Esperando mejorar en este universo literario, os dejo mis inicios en él. ¡Buena lectura!
~ Escríbeme un cuento ~
A ti, querido lector o lectora, a ti, ilusión perdida en el tiempo… no trates de buscar un significado oculto tras mis palabras. No intentes descifrar la sombra de mi sonrisa cuidadosamente dibujada en cada sílaba, ni tampoco vagues inútilmente por cada párrafo preguntándote un por qué de mi historia. Simplemente juega, experimenta, disfruta, lee y sigue leyendo, reflexiona, imagina, piensa y sonríe al llegar al punto final. Es aquí y ahora, en este momento comienza parte de mi vida, no una cualquiera, no una más, una diferente y muy especial. Un cuento de hadas vivido entre rejas, un sueño que no quiere finalizar, un corazón que vuela perdiéndose entre las nubes, tratando de hallar la presencia de su otra mitad. El tuyo, mi cielo, el mío, el nuestro.
Fotografía: asweetdream (Flickr)
Dime, tú que puedes sentir el susurro de las hojas secas rozando tu piel morena, tú que puedes escuchar bonitas palabras de amor que nunca serán prohibidas, tú que puedes hablar con la mirada sin pronunciar nada, dime, ¿qué se siente al poder amar?
Son mis lágrimas, las mismas que caen en singular monotonía empapando mi rostro, perdiéndose para no ser encontradas. Es mi voz que canta clamando al cielo, esperando entender lo que otros se callan, y quizás también lo son mis manos que, temblando, acarician tu rostro cansado.
Pero no debo, no puedo, no… Es inevitable no pensar en ello sin sentir dolor, sin detener estos latidos que, en un temor incomprensible, intentan escapar de mi pecho.
Miedo, tengo miedo. Pero, ¿de qué? ¿Cuál es la razón? ¿Acaso no soy libre? Sí, lo soy, soy libre. ¡Libre! No me atan cadenas, no hay muros que no pueda saltar, no hay caminos cerrados ni labios sellados. Soy libre, pero tú no estás.
¿Por qué te has marchado? Quería regalarte todos mis progresos, demostrarte que yo, aprendiz inexperto, había aprendido las lecciones de mi maestra y así cederte mi sonrisa cada mañana despertando a tu lado… y cambiar tu vida con cada palabra, cerrar los ojos adentrándome en la aventura de quererte con fuerza, con locura, rozando la desesperación, lo inevitable, lo verdaderamente imposible. Desvariando.
Alzar estas manos que siguen temblando, posarlas en tu espalda desnuda y trazar un recorrido que no existe, dibujando con las yemas de mis dedos un precioso corazón. Así, disfrutando del silencio, en plena sintonía, en plena sincronización, abandonando cualquier chispa de repetición, viviendo en la más verdadera belleza durante tantos años contigo que ya perdí la noción del tiempo.
Tu mirada sobre la mía, tus labios sobre mi cuerpo jugando, explorando cada inédito recoveco cual pequeño niño que comienza a dar sus primeros pasos hacia un mundo nuevo, inédito y diferente.
Dime tú que puedes, tú que sabes aquello que yo desconozco, que diriges tu imaginación hasta límites insospechados, que escribes con el corazón creyendo fervientemente en tus experiencias a pesar de que jamás han sido vividas… ¿A qué sabe un beso?
¿A chocolate con menta? ¿A fresas con nata? ¿Al rocío que brilla al alba?
Simplemente sabe a amor… Pero, discúlpeme usted, ¿podría decirme lo que es el amor? Un extraño, un desconocido, un confidente, un amigo… Fortuna o acaso desvarío. Razón o tal vez deseo. Ambrosía.
Dime, quiero saber, quiero conocer qué es vivir enamorado. Llenar con mis sentimientos miles y miles de folios en blanco, igual que ahora, tal y como hace unos años, justo cuando te conocí aquella noche de invierno, entre copitos blancos y resplandecientes que no dejaban de caer de un cielo demasiado oscuro. Un cielo que acabó por traerme tu luz, el mismo que me la arrebató.
¿De verdad estás buscando significado a estas palabras? Por favor, no lo hagas. Para ti han sido creadas, imaginadas con todo detalle y grácilmente ordenadas. Sólo para ti, ya lo sabes. No busques ninguna respuesta, no la vas a encontrar.
Era un sueño, un mundo de cristal avasallado por gotitas de fina lluvia que hieren lentamente ese pequeño universo, rompiéndolo, porque nunca dejó de ser frágil, puro, porque jamás dejó de ser mío.
Y también era tu rostro enmarcado en el blanco de la almohada, tu figura recortada, tus labios cerrándose en la más bella declaración de amor. Algo que no puedo oír, tu nombre… Como la primera vez que lo pronuncié, temblando de candor y de timidez al mismo tiempo, así como de un millón de emociones diferentes que ahora soy incapaz de describir:
Estrella
Sólo dime, ¡dime! ¿Qué es un amor prohibido? ¿En qué consiste la prohibición de amar a alguien?
Fantasías… Sueños rotos, recuerdos y sentimientos desordenados que buscan una esencia cualquiera a ciegas, en una melodía que no tiene vigencia para la razón humana.
Y todo es frenético, un eco que no deja de repetirse a lo lejos, un cúmulo de sensaciones que se arremolinan en mi pecho y que vibran bailando al son de mis latidos.
Solos ella y yo, dos existencias puras, níveas, que buscan un tesoro perdido en la mirada del otro, una reliquia de plata muy preciada; nuestra cordura.
Sí, ¿qué ha sido de ella? Tú te la has llevado, mi razón, el hilo que mantenía a mis pensamientos sobrios, al igual que este pobre corazón indomable, roto y en fase de recuperación si quieres, si te atreves, que ya no puedo controlar al igual que tampoco pretendo evitar regalarte todas y cada una de sus palpitaciones, pues he comprendido que ya no me pertenece, que ahora es tuyo, agotando hasta el último y más mísero de sus latidos, desprendiendo ese fuego, ese calor que yo juré no sentir nunca, arrancándolo de mi alma.
¿Qué son estas palabras tan banales?
Ni yo mismo lo sé. Acaso una sombra de una realidad inexistente, un mísero recuerdo que conservo en lo más profundo de mi memoria, un rayo de luz, de esperanza, que me obliga a seguir buscando, qué se yo… a seguir soñando contigo y con este amor inalcanzable, con tus ojos, con los labios que no sienten, con las palabras que ya no viven, que no significan nada y que mueren en este último beso, desapareciendo en mi garganta. 
Nada… nada existe… Tal y como dijo aquel filósofo… Pero esto es tan real, tan verídico como que estamos aquí los dos, el uno frente al otro, taladrándonos con la mirada, muriendo y al mismo tiempo amándonos.
Tal vez somos un suspiro de cálido aliento, suave, reconfortante. Mas si sólo somos aire que se desvanece, que desaparece en silencio, que se ahoga en la oscuridad… ¿Cuál es la razón de mis latidos? Tú, sólo tú… Pues siempre ha sido de esta manera, no hay más. Somos humanos, nunca formaremos parte de ese viento. Existimos aquí y ahora. Nos amamos, qué importa lo demás.
La distancia se acorta entre nosotros a medida que los segundos se suceden en el reloj de nuestra vida, avanzando poquito a poco, como tus pasos silenciosos, casi felinos. Te acercas y rodeas mi cintura con tus brazos. Me abrazas así, con fuerza, te sigues acercando, me besas.
—El invierno se acaba —susurras débilmente contra mi oído— Pronto vendrá la primavera.
Yo correspondo a esa danza, ese beso robado, desconectando de cualquier otra cosa que no sean tus manos, éstas que se pasean tranquilamente por mi pelo negro, y tus ojos castaños, los mismos que se clavan en los míos azules como el mar en verano, y que después cierras dulcemente mientras la plateada lluvia se cierne sobre tus hombros.
Sí, yo también espero esa primavera, a las rosas rojas en un prado verde cargado de belleza, un paisaje que sabe a ti.
Mi amor, ¿te acuerdas? Éramos unos niños tanteando el cielo a ciegas, imaginando un destello de vida en el alma del otro y deleitándonos con las tardes de sol como ésta. Y pensar que aún sigo esperando…
Tú, joven poetisa aventurera, querías viajar, encontrar tu camino en un mundo que no sentías como el tuyo. Jugabas a ser dueña de universos que nadie había imaginado, a crear fantasías mágicas en donde lo imposible se hacía realidad. Soñabas dando un toque de color a la vida. Inventando y manejando cada frase para contar tus mentiras, las más bonitas y reales, las de un escritor que acababa de emprender su viaje.
Recuerdo que me regalabas cada verso, que también me enseñabas a disfrutar de cada sílaba, creando personajes y situaciones de lo más divertidas. Eran nuestros cuentos, ¿verdad? Jugábamos a ser dioses de realidades imaginadas para dar a conocer al mundo parte de nuestras almas desnudas.
Escribe —me decías— crea tu propia historia y que sea sólo nuestra. Sí, escribe la aventura de querernos, que todo el mundo entero sepa que no hay amor que supere el nuestro. Escribe, mi amor, escríbeme un cuento.
Touch of love !
Fotografía: Kaylan C. Isunooru (Flickr)

Fue lo último que me dijiste antes de vagar solitaria por tu único sendero; ese viaje que acababa de dar comienzo dejando una promesa a medias, la de inventar nuestra propia fantasía, sólo para nosotros. Supongo que en realidad aquel viaje no fue más que una excusa para despedirte de mí sin provocarme más dolor, sin atarme a una espera eterna que jamás habría tenido sentido. Te marchaste diciéndome que volverías algún día, pero en verdad fue para siempre.

Y hoy, un 24 de agosto que podría ser recordado como otro cualquiera, tiene algo de especial. Hoy, siete años después de tu partida, he vuelto a recordarte mientras me encontraba bajo la sombra de este viejo árbol en el parque en el cual solíamos pasear. Y es aquí donde renace toda la magia…
Una débil voz alcanza mis oídos en el preciso momento en que camino junto al gran lago del centro del parque, abarrotado de parejas que tranquilamente charlan al batir de los remos sobre pequeñas barquitas de madera.
“Un sentimiento que brota y busca encontrar su homólogo. Aquél que encuentre su calma, su alegría en los días de lluvia, que sepa articular las palabras adecuadas aún cuando no las haya, que deje un beso en el enigma de quien por no mentir se calla. Una ilusión, una fantasía, un sentimiento de papel que muere al ser quemado, que ya no sabe lo que quiere, que se rinde y desvanece. Un corazón que late y otro que detiene sus latidos, una maldición escondida y un te quiero olvidado. ¡Y qué sé yo! Sólo me dejo llevar por quien yace a mi lado, por esa sonrisa oculta, por esos ojos cerrados. Solos ella y yo… hasta que el sueño nos puede, hasta que por fin nos vence y convence de que tal vez nada ha sido un error, de que tal vez, sólo tal vez, esto es amor”.
La chica cierra su libro y lo apoya sobre sus rodillas. ¿Cuántos años podrá tener? Puede que unos diecinueve, no soy capaz de echarle más. Suspira mientras se deja caer por el respaldo del banco en el que está sentada, sin dejar de contemplar la portada del libro, el cual lleva por título Escríbeme un cuento.
¡Escríbeme un cuento! Quién lo diría, ¿verdad, amor?
Y antes de ser consciente de ello, yo también me siento al lado de esa jovencita que aún permanece con los ojos cerrados, reflexionando sobre esas últimas palabras de las cuales nunca podrá hallar nada más.
—¿Te ha gustado? —pregunto señalando el libro al tiempo que fijo mi mirada en el cielo raso y azul.
Ella titubea, e incluso noto que se aparta ligeramente del banco algo asustada por esa intromisión a su pequeño mundo de letras.
—¿Quién es usted? —tartamudea desconfiadamente pero sin abandonar la educación que le han enseñado a ofrecer tan amablemente a un desconocido como yo, mientras se aferra a las tapas del libro.
Alguien que también se ha perdido entre esas hojas de papel —susurro suavemente observándola con todo lujo de detalles por primera vez.
Fotografía: @Doug88888 (Flickr)

Es una jovencita de cabellos dorados y ojos oscuros, sinceros y muy brillantes debido a esas lágrimas que comienzan a resbalar por sus pálidas mejillas. De elevada estatura y complexión media, cruza las piernas de manera indiferente sin soltar su preciado libro de ultimísima edición.

—Es una historia tan bonita… —masculla entre dientes secándose los ojos con el dorso de la mano y contemplando la portada del libro, repasando con la mirada lo único que hay escrito en ella; el título— Me recuerda a una persona que conocí hace bastante tiempo y que dejé atrás en el camino… De eso hace ya cuatro años, ¿sabe? Pero jamás he conseguido olvidarla… ¿Cómo puede preguntarme si me ha gustado cuando usted también ha leído este libro? Sería inútil tratar de encontrar a alguien a quien no le hiciera despertar algo, no sé exactamente el qué, pero algo…
Sonrío amablemente quitándole con delicadeza el libro de las manos y pasando las páginas con sumo cuidado. Ella tiene razón; sería inútil… Es increíble que nuestra historia haya conseguido sacarle las lagrimitas a esta muchacha tan dulce y tan sumamente inocente que me observa con atención, acaso preguntándose por qué la vida ha hecho que nos encontrásemos en este banco de madera esta tarde de verano.
—Es cierto —contesto— Gracias.
Parece extrañarse por ese agradecimiento tan repentino procedente de alguien a quien ha visto por primera vez y que probablemente no volverá a ver. Pero lo acepta sin pronunciar palabra, sino sólo mostrando una sonrisa tan reluciente que compite con el mismísimo sol.
—Me pregunto quién será el autor —comenta señalando la portada del libro, justo debajo del título— Nunca llegó a firmarlo y lo cierto es que me gustaría saber más cosas de él. No sé, saber cómo es su rostro, conocer su película favorita… algo así.
—¿Y por qué querrías conocerlo?
La chica se encoge de hombros mientras le devuelvo el libro.
Supongo que porque si es capaz de escribir de esta manera… si ha sido capaz de transmitir un sentimiento tan fuerte como para provocar a alguien que llore a través de las palabras, entonces debe de ser una bellísima persona.
Inevitablemente acaricio el fino cabello de esta chiquilla, regalándole una sonrisa más, una aún más bonita, más sincera, diferente, especial…
—Tienes razón. A mí también me gustaría conocer al autor.
Ella asiente enérgicamente con la cabeza y guarda su libro en una pequeña mochila que yace a su lado en el banco.
—¿No cree usted que es increíble el poder que pueden llegar a tener las palabras usadas del modo correcto? ¡Es maravilloso! Ojalá yo pudiera jugar a ser Dios por un día y crear mis propias aventuras.
La contemplo en silencio sopesando sus palabras, frente a esa puerta que se acaba de abrir ante nosotros, un viaje de ida al mundo de las letras.
¿Y quién ha dicho que no puedas? —comento gesticulando con las manos, señalando con ellas todo cuanto nos rodea— Tú eres la dueña de tu imaginación, tú controlas tu mundo, en él eres libre de imaginar y construir tu vida con cada letra. Ni siquiera tiene que estar bien articulada, sólo necesitas querer cumplir tus promesas, crear tus propias ilusiones, escribir… Estoy seguro de que el autor de ese libro había permanecido prisionero durante mucho tiempo, encerrándose en las palabras que le conducirían a su meta —detengo mi discurso clavando mi mirada en sus ojos negros y relucientes. Es realmente una chica muy bonita— Hasta ahora… Ahora ya ha echado a volar, ahora es libre.
—¿Usted cree? —pregunta contemplando una pequeña mariposa que se ha posado inocentemente en su faldita tableada.
—Por supuesto que sí —afirmo sin ningún tono de duda en mi voz. Ella sonríe alegremente, dejando que la 
mariposa trepe por su dedo índice para alzar el vuelo y perderse entre las nubes, acaso buscando el néctar de alguna flor veraniega para después poder dormir entre sus pétalos, al igual que el escritor anónimo del libro; yo— ¿Puedo preguntarte tu nombre, pequeña?
La jovencita me observa de hito en hito, pensándose si de verdad debería coger tanta confianza con un hombre que le saca siete años de edad si mis cálculos son exactos, pero finalmente se rinde a mi mirada, sabiendo que de ninguna manera voy a permitirme hacerle algún daño. Eso nunca y menos cuando mi historia ha podido conmoverla tanto.
Estrella, me llamo Estrella.
A punto estoy de levantarme del banco y rebuscar en mi cartera aquella vieja fotografía que nos hicimos juntos hace algún tiempo. Sólo para recordar tus rasgos, la expresión de tu rictus cuando escribías alguna bonita historia de amor. Pero, ¿necesito extraer esa foto para recordarte? Sé que no es así… Al igual que tampoco merece la pena hacerlo, pues el escritor, el autor de su último libro ya es libre, ha emprendido el vuelo, ha comenzado su propio viaje.
—¿De verdad? —digo precipitadamente bastante impresionado por la coincidencia, a sabiendas de que ella es diferente.
—Sí, ¿sucede algo?
—No, no pasa nada —contesto tranquilamente tomando sus manos entre las mías con suavidad y delicadeza— En ese caso, Estrella… ¡Escríbeme un cuento!
Estrella estalla en sonoras carcajadas cargadas de vida y vitalidad, sonrisa dulce e inocente que se extiende por sus labios de niña que comienza a hacerse mujer, abandonando su infancia para entrar en el mundo adulto, un lugar en donde habitan las palabras equivocadas, a veces demasiado hirientes para entes como nosotros; dos almas conectadas aún sin saberlo, que buscan en la esencia del otro incluso algo más que jugar con historias imaginadas.
couple
Fotografía: Guy Prives (Flickr)

Estrella y yo… dos seres humanos concediéndose una nueva oportunidad. Ella, tras cuatro años de a saber qué experiencias. Yo, dejando atrás mis siete años compartidos contigo, allí en donde te encuentres ahora, construyendo tu propia aventura.

Aquí nace el momento, nos toca a nosotros continuar el resto del cuento extendiendo nuestras alas hasta alcanzar el límite de nuestra libertad y llegando mucho más allá.
Sí, Estrella y yo… Dos desconocidos, seres humanos al fin y al cabo, que probablemente no se vuelvan a ver, que no se vuelvan a encontrar… 
Exacto, probablemente
  1. Abr 1, 2013 11:48 pm

    Con justa razón ganaste el concurso. Me gustó mucho

  2. Abr 2, 2013 10:37 am

    Una vez más, enhorabuena por la calidad de tus escritos. Son un regalo para los que te leemos. En este cuento me parece adivinar la influencia del gran Ramón Gómez de la Serna, no sé si me equivoco. En cualquier caso, no dejes de escribir, de emborronar cuartillas, de tachar palabras y frases enteras, de romper hojas y tirarlas a la papelera, de escribir y reescribir continuamente. Y también de leer y releer a los grandes maestros del periodismo y de la literatura universales. Tu juventud y tu brillantez (tampoco te lo creas demasiado, entonces estarías perdida) te aseguran un porvenir espléndido dentro del complicado mundo del periodismo.

  3. Abr 5, 2013 10:32 am

    Hola

  4. Abr 7, 2013 5:20 pm

    ixtaolzin, me alegra verte también por este blog. ¡Muchas gracias por pasar y por tu comentario, por supuesto!

    Nicolás, muchas gracias por todos sus comentarios, de verdad. Me animan a seguir adelante (emborronando mil y una cuartillas, eso sí, tal y como usted dice). ¡Gracias!

    ¡Abrazos!

  5. Abr 10, 2013 3:35 pm

    Hola, Esther, me alegra que te animen mis comentarios, que son siempre sinceros. He comprobado que sois una familia muy unida, lo que es una gran virtud. Espero que tu abuela se recupere pronto, y que tu exceso de celo no te lleve a estresarte demasiado.

    Un fuerte abrazo, y por favor no me sigas llamando de usted, que al fin y al cabo tenemos alguna afinidad (entre otras la futbolera).

    ¡Aúpa!

Responder a Anonymous Cancelar la respuesta

Write Comment...

Name

Email

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.