La sombra de su gin tonic

120/142
Fotografía: legends2k (Flickr)
En la casa oscura y a mi entender vacía sólo se escucha el eco del portazo que dejo al encerrarme en mi habitación. Debería estudiar, pero los apuntes, bien encuadernados en un portafolio de tapas negras, se han quedado fuera, y yo no pienso abandonar las cuatro paredes que me resguardan de los gritos, de las lágrimas, de la rabia y del falso orgullo. De esos siete años que nos separan y que ahora mismo parece que son setenta, que somos hermanos de generaciones completamente distintas.
Últimamente la historia se repite de forma alarmante, y la distancia entre nosotros se incrementa aunque estemos tan cerca que con sólo estirar el brazo podamos tocarnos. Hace muchos tiempo le buscaba, incluso le perseguía para que me dedicase un rato de su atención, para que me arrancase una sonrisa. Me leía cuentos increíbles minutos antes de irme a dormir, me contaba historias fascinantes de cuando le tocó hacer la mili por propia voluntad solo porque quiso volar pronto, salir de casa… Gamberradas, en general, que a mí me hacían gracia pese a no entenderlas.
Pero ahora, cada vez que entra a mi cuarto y se apoya contra el marco de la puerta esperando entablar conversación, tengo miedo. Miedo de no saber de qué manera saldrá de la habitación y en qué estado me quedaré yo dentro. Miedo de no comprender sus palabras, de no saber por dónde van los tiros, de que me grite y se enfade… Y, sobre todo, de mirarle a los ojos (iguales a los míos, casi negros) y no ver a nadie conocido, contemplar sólo su vaso vacío de ginebra y el brillo que corona el cristal. Su gin tonic reflejándose en la pared azul. Sí, tengo miedo. Miedo ante la decepción de ver caer a mi superhéroe favorito. Al que yo más quiero y querré.
Porque a pesar de todo le sigo buscando… y siento que ya no está ahí… o que no se ha quedado para verme crecer. Le busco y sólo encuentro su vaso vacío y el alcohol en su cuerpo. De vez en cuando, muy de vez en cuando… y cada día menos. Pero cuando «ese otro» aparece… no tengo mundo para correr.
  1. Jul 12, 2013 5:06 am

    Deseando que termines tu libro para leerlo.Este relato….fiel reflejo de la triste realidad que sufren muchos jovenes.Me ha encantado,como todo lo que escribes

Responder a Anonymous Cancelar la respuesta

Write Comment...

Name

Email

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.