No me apetece

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Qué gris está Madrid. Desde el lunes he madrugado esperando abrir la ventana y ver el sol salir, pero no. Lluvia, niebla, frío. ¡Bienvenido, otoño! Te has hecho de rogar, pero finalmente estás aquí. No me malinterpretéis. Me encantan los días grises. Las calles mojadas, las hojas rojas cubriendo la acera y el olor a húmedo que en los pueblos se mezcla con el aroma de las chimeneas. A lo mejor ha sido alguna de las últimas tormentas la que ha provocado que ayer se cayera la línea telefónica y la red de internet, no lo tengo claro, aunque lo dudo. Supongo que la fibra óptica estaría muy de martes, por eso no pude pasarme por Radhuk y subir este relato.

Solucionado ese problema, aquí me tenéis de nuevo. Me han sorprendido los comentarios (algunos externos al blog) que me llegaron tras escribir Estoques y besos. Os aseguro que mis poemas son de lo más normales. Los escribo muy de vez en cuando porque prefiero la prosa, y normalmente ni siquiera pienso en escribirlos. Sencillamente comienzo a teclear y los versos van surgiendo. A decir verdad, la poesía me pilla de sorpresa incluso a mí. Llega sin avisar, no es algo que me pueda plantear, como ocurre con la prosa.

En cualquier caso, me alegro de que el poema os gustase y espero que también os guste el siguiente texto.

Una vez más, os doy las gracias por suscribiros al blog, compartir cada entrada en las redes sociales y, por supuesto, por comentarlas. Sabéis que esta ventana literaria es tan mía como vuestra.

¡Nos leemos pronto!

¿Seguimos leyendo?

No me apetece, Crónicas de Radhuk

No me apetece. Simplemente eso. No me apetece salir de la cama y enfrentarme al mundo hoy. Necesito este paréntesis, esta lluvia en mi ventana, desgarrando el cristal. No quiero retirar de mi cuerpo el abrigo nórdico de mi edredón que, a falta de tus brazos, me acompaña en la soledad de mis noches. No, hoy no. No me apetece.

No tengo motivos para no ser fuerte. No hay razones para no pintar de rosa este gris. Es sencillamente que hoy lo quiero en mi vida, a mi lado. Conmigo. Como contigo, pero sin ti. Porque hoy no me apetece ser valiente ni fingir que no te necesito. Hoy el café es más amargo que de costumbre y el amor ajeno demasiado azucarado. Hoy te extraño y te grito en silencio que vuelvas incluso sabiendo que te escondes detrás de los imposibles que convierten mis sueños en pesadillas. Esas que empezaron entre paredes níveas y sábanas coloreadas de azul pastel, las que terminaron bajo arena y granito cuando el otoño comenzaba a tornarse blanco. El recuerdo se disfraza de déjà-vu y escapa de mi memoria en forma de lágrimas. No, hoy no. No me apetece.

Quiero llorarte, velarte y estar triste. Buscarte en la Avenida de Sístole de mi corazón, tu nueva dirección, e invitarte a ver aquella película de Hayden Christensen. Quiero decirte lo que nunca te dije. Vivir. Morir en el mismo instante en que tú moriste. Y ser también las alas que te arropan mientras duermes en tu sepulcro de porcelana. Descanso revestido de alabastro. Quiero decirte otra vez que te quiero, aunque eso sólo empeore las cosas. Palabras dentro del vacío de mi alma. Palabras que no te llegan, que ya no significan nada. Palabras incapaces de contener el río de sentimientos que se desborda en tu pecho inerte.

Hoy no. No me apetece. No me apetece estar alegre. La felicidad es un estereotipo que viste de grafitis la ciudad, cada muro de cada red social. Una obligación impuesta por las ganas que alguien tiene de comerse el mundo. El mío. El que te llevaste contigo. Se lo digo a las nomeolvides que duermen a tu lado. Se lo suplico.

Nomeolvides. No me olvides.

Hoy no. Hoy tampoco me apetece olvidarte. Hoy el tiempo se balancea en la comisura de mis labios tentándome a sonreír, pero no. Se rinde. El segundero ondea la bandera blanca mientras oculto mi rostro en la almohada y pienso en ti. No me apetece dejar de pensar en ti. No es algo que se lleve el paso de los días, ni un estado de ánimo, ni una canción. Ni una sombra, ni una indecisión, ni una enfermedad, ni pereza, ni vaguería.

Y es que simplemente hoy no. No me apetece. No me apetece salir de la cama y enfrentarme al mundo. Necesito este paréntesis, esta lluvia en mi ventana, desgarrando el cristal.

  1. Nov 5, 2015 3:23 pm

    Aunque no sean poemas, tus textos casi siempre rezuman poesía. Enhorabuena, una vez más.
    Pero permíteme también una pequeña crítica constructiva. Quizás sea yo demasiado tiquismiquis al respecto, pero siempre me rechinan los extranjerismos innecesarios, en un idioma tan rico como el nuestro. ¿Todos tus lectores saben francés? ¿Todos entienden el significado de «déjà-vu»? ¿No sería mejor expresarlo en castellano o español (nunca sé si se trata del mismo idioma)? ¿No sería mejor escribir «reiterativos», «ya vistos», «muy vistos»… o cualquier otro adjetivo en nuestra lengua que sirviera para calificar esos recuerdos que se escapan de tu memoria en forma de lágrimas?

    Un abrazo.

    • Nov 6, 2015 5:21 pm

      @Nicolás

      ¡Hola, Nicolás!
      ¿Sabes? En cuanto mi madre leyó este texto me dijo: «Seguro que Nicolás tiene algo que decirte sobre los déjà-vu». Y tenía razón. Y tienes razón. Es cierto que tenemos un idioma muy rico para expresarnos sin necesidad de recurrir a los extranjerismos. Pero, para serte sincera, en esta ocasión la palabra me resultaba tan familiar que ni siquiera pensé en ella como si no perteneciera al español o al castellano (yo tampoco sé si se trata del mismo idioma). Y mira que a mí también me gusta defender nuestro idioma.

      En fin, muchas gracias por el apunte, como siempre. Anotado queda para la próxima.

      ¡Un abrazo y feliz fin de semana!

      • Mar 12, 2020 6:35 pm

        @eampuero

        Me a desgarrado igual que al cristal de tu ventana. Ya esperando leer más de ti.

        • Mar 16, 2020 8:26 am

          @Ester

          ¡Hola! Muchas gracias. Comentarios así hacen que siga esforzándome en escribir más y más relatos. ¡Gracias de nuevo!

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