Tiembla

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Tiembla, Crónicas de Radhuk

El pasado 16 de abril, un terremoto de elevada magnitud azotó Ecuador con gran violencia. Fueron muchas las vidas que se perdieron tras el trágico suceso y las secuelas que las zonas afectadas seguirán arrastrando hasta recuperarse por completo, como cicatrices que marcarán la Historia.

Faltan pocos días para que se cumpla un mes del desastre y las heridas del terremoto aún siguen abiertas pese a que los medios de comunicación hayan dejado de informar sobre lo sucedido. Como suele ocurrir, el paso del tiempo nos devuelve a la realidad, a la rutina, pero en Ecuador el minutero avanza más despacio y los días parecen alargarse hasta las cuarenta y ocho horas. Una de mis amigas y compañera del máster que estudié el curso pasado está allí, con su familia, ayudando semana tras semana con todo lo que tiene para que poco a poco su ciudad se levante como se levantó la tierra. Con fuerza. La echo de menos, para qué negarlo. Y admiro su entereza para afrontar los días que ya han pasado… y los que están por venir. Su valor y su corazón de oro para dar a quienes no tienen.

Ahora con estas líneas sólo intento que aquel terremoto no quede en el olvido, que allí la ayuda sigue siendo necesaria.

Desde Madrid: fuerza, Terry.

Fuerza, Ecuador.

Tiembla

La grava baila. A saltos, como loca sobre un escenario que el miedo ha creado para representar su más horrible función. Se mueve rápidamente, como si la carretera estuviera asfaltada con alfileres plateados de un brillo cegador que perforan su duro esqueleto de piedra. Sin sentir, sin saber. La acometida del viento entra en escena y traslada el teatro lejos, junto a la costa maltratada por un mar también herido. Ella está allí. La grava convertida en polvo invade sus pestañas mojadas sin éxito. Un velo de agonía nubla su mirada de una extraña mezcla entre incertidumbre y dolor. Parpadea. Parpadea y llora las cenizas que han quedado atrapadas entre sus pestañas de carbón, regalo del viento, maldición de brisa disfrazada.

Y tiembla. Ojalá hubieran sido sus labios rasgados, las piernas incapaces de sostener su peso. Ojalá hubieran temblado sus manos, su corazón y su alma de pena abatida. Ojalá temblase toda ella, pero no. Tiembla la tierra. Se sacude con violencia bajo sus pies, enfadada sin motivos, entre gritos de desconcierto, reduciendo lo poco que hay a la nada más cruel. Los estallidos del suelo la derriban como caen también los árboles y los edificios más altos. Soldados inertes de muerte heridos y condenados a ser escombros. Y sentir queriendo ser la grava que pretendía cegar sus ojos. Y saber admirando la ignorancia. Deformada la ciudad que tanto ama, se aferra al cielo implorando la calma bajo él y desea creer en la magia, detener el tiempo, descontar los segundos que ya han contado, que cambiarán el futuro inminente. La lluvia que sangra y envenena lo que fue, lo que jamás será. Empedrado fragmentado como rota quedó la vida.

Porque bailó la grava enloquecida sobre un negro escenario. Bailó hasta desfallecer, hasta refugiarse en su pelo castaño, rizado y enredado, hasta bañar de gris su piel morena. Cuando no tembló ella, cuando se levantó la tierra sin preguntas ni respuestas. Y quedaron encallados en el mar los suspiros que se ahogaron entre los gritos, encallados los pedazos de los barcos que herirán los recuerdos. Y cuando entendió que a cuestas con su corazón sobrecogido y el alma en carne viva, le tocaba levantarse a ella.

Y a Manabí.

Y a Ecuador.

  1. May 8, 2016 5:54 pm

    Tan poética descripción del horror, nunca el futuro está tan cerca, si que es magia. Gracias

    • May 15, 2016 3:39 pm

      @Nuria

      Muchas gracias, Nuria 😀 ¡Besos!

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